lunes, 3 de enero de 2011

SUPERVIVIENTES

A principios del siglo pasado un famoso periodista británico, C.P. Scott, editor del periódico que hoy se conoce como The Guardian y uno de los considerados propulsores del periodismo moderno, lanzó una famosa frase, paradigma en el aprendizaje de los futuros profesionales de la información: “Los hechos son sagrados, las opiniones son libres”. Hoy, 100 años después, se dice que la prensa es sagrada, la pantalla es libre.

Hay crisis en los periódicos. Se habla de una tormenta perfecta, un cambio en la formación, en el trabajo, y unas nuevas necesidades del cliente. Y si a ello le añadimos la crisis que estamos padeciendo, todo unido hace un cóctel de difícil solución.

Con el “mantra” de que Internet es el futuro, y encima gratis, la prensa impresa se resiente. Todo parece dirigirse a la red o a la “nube”. La información se consume al instante, y, con ello, la tirada de los periódicos baja y la publicidad impresa se desmorona.

Unos dicen que estamos viviendo una tormenta en un tsunami, otros que un tsunami dentro de una tormenta. Lo cierto es que, a pesar de la confusión que genera todo revuelo, hay que seguir reinventándose y buscar soluciones nuevas a problemas nuevos.

Hace 10 años la prensa gratuita fue un boom, una revolución en el sector. Hoy ha caído a la mitad la tirada de ejemplares, pero todos los periódicos tienen esta fórmula de negocio, la digital, que es gratis y aumenta. A la vanguardia de su consumo se hallan los jóvenes y adolescentes, que quieren información, pero no están preparados o dispuestos a pagar por ella.

La realidad es ésta, el lector se va del papel a la pantalla, y, frente a ello, todos los periódicos hacen economías de guerra para mantenerse. Todos quieren volcar su saber hacer a las nuevas tecnologías. Y ello va a implicar, sin remedio, una nueva era, un nuevo concepto y una nueva fórmula.

El ciudadano ha de tener y consumir la información cuando desee y de la forma que desee. Los diarios online responden a esta necesidad, pero ni su razón de ser, ni su concepto, ni la forma de configurarse ha de ser la misma que la del diario escrito. No se trata de calcar sobre el soporte digital los esquemas del papel. Hay sonados fracasos, fruto de la primera euforia, que lo confirman.

Todo ha cambiado y sigue cambiando a ritmos vertiginosos. Se está produciendo una revolución cultural, industrial y tecnológica. Hay que ser ágiles. Hoy no se puede dejar nada para más tarde. Son tiempos de cambio, lo que nació hace más de tres siglos ya no es prioritario. Todos somos partes vivas y activas al instante, y el que no quiera ver o participar en esta transformación se la perderá.

Hoy todo es noticia. Hasta la publicidad es noticia. Hoy tenemos que ser nosotros mismos, pero mejores, sobre todo profesionalmente. Hace tiempo que los periodistas salen de nuestras facultades con el titulo de licenciados en Ciencias de la Información; que los empresarios de la comunicación han comprendido que su universo se avecina vasto y cambiante, y que hay que estar preparados para desarrollarse en cualquier soporte.

Por mi parte, estoy convencido de que sigue habiendo espacio para el papel, con todo el poder arrollador que le confiere una imprenta, pero ello no le libra de una crisis de identidad de la que, pienso, saldrá fortalecido. Pero el tsunami o la tormenta virtual nos abren otras expectativas que hay que aprovechar. Lo que pasa ahora nos concierne a todos, no se puede mirar para otro lado, y esto es aplicable también al joyero.

Estamos en este mundo, no somos otra raza, ni otra especie. Somos seres humanos que vivimos hoy aquí. En unas circunstancias determinadas, con sus ventajas e inconvenientes. Termino con una frase que no me cansaré de repetir, que por razones paradójicas se popularizó con la imprenta y mantiene ahora buena parte de su celebridad gracias al soporte digital -búsquense “frases célebres” en Google-: “En tiempos de crisis, sólo sobrevivirán las especies que sean capaces de adaptarse a los cambios”.

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