Nuestro sector está repleto de historias interesantes, de anécdotas inolvidables, de profesionales con largas experiencias. El sector entero está lleno de túneles explorados, de antiguas batallas ganadas y de... pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor. No cabe duda. El sector ha envejecido, se ha anquilosado, no hay traspaso generacional en masa, no hay regeneración industrial ni tecnológica….
Pero los joyeros seguimos orgullosos de esta profesión y todavía creemos en ella. No estamos dispuestos a tirar la toalla… todavía. Entonces, ¿qué nos queda? Quizás, lo primero, sea dejar de mirarnos al ombligo. Y después, parar, aparcar el coche y reflexionar. Hemos de saber bien como subir al tren del progreso, al AVE que nos adentre en el mundo del futuro.
Hemos podido comprobar que todos aquellos viajantes que hacían cola a la puerta de nuestros establecimientos ya no están. Hemos visto pasar modas a velocidad de vértigo. Hemos llenado nuestros escaparates y almacenes de género de difícil salida cuando pasa la temporada. Nos hemos cargado de marcas y productos con las que no sabemos que hacer. Hemos saneado nuestras deudas fundiendo el oro para pagar mercancía perecedera o invendible….
Hemos hecho tantas cosas que ahora nos da miedo emprender otra dirección. Cuando se vendía todo, nos hemos dedicado a criticar a intrusos (bancos, venta por catálogo, “machacas”, etc., etc.) sin aprender de ellos. Cuando todo parecía fácil, ni siquiera hemos dejado que la juventud expusiera sus ideas. La hemos sacado de nuestros establecimientos, porque sus críticas hacían incómodo nuestro “modus vivendi”. Y ahora, ¿qué nos espera?
No hemos creído a nuestros menores, a los que van a heredar los negocios, a los que tienen que buscar salidas de futuro, a los que sé que, sin duda, no van a seguir nuestros pasos, sin orientación ni proyecto claro. Lógicamente han tomado otros caminos y en ellos se desarrollan. Creo que no hay sector como el nuestro, tan yermo de ideas jóvenes.
No sé cual es la posición exacta de cada uno en este momento, pero lo que sí me atrevo a reiterar es que nos urgen unos minutos de reflexión, tal vez sean los más rentables de nuestra vida profesional.
Lo peor que podemos hacer es comprar y esperar que nos vengan a comprar, sin saber lo que nuestro cliente está esperando. Usted no sabe lo que quiere, pero él sí. Hoy el consumidor no va a ver si encuentra algo, va a por algo que ya conoce y que espera que usted tenga y se lo garantice, y además al mejor precio.
Los portales de venta resolvieron el problema puntual al fabricante y al mayorista, pero no se preocuparon de la tienda. Y no lo olvidemos, ellos tienen al cliente, son esa gran superficie que si en un principio le ofreció “gangas”, ahora se está preparando para ofrecer novedades.
¿Vamos a dejar que nos retiren del juego o vamos a jugar la partida con ellos? Ha comenzado un nuevo deporte en el mercado del comercio y no es ajeno a joyeros-relojeros. Pero no lo olvidemos, llegó para quedarse, y yo me atrevo a decir que para ser olímpico. Participemos todos de él.
Pero los joyeros seguimos orgullosos de esta profesión y todavía creemos en ella. No estamos dispuestos a tirar la toalla… todavía. Entonces, ¿qué nos queda? Quizás, lo primero, sea dejar de mirarnos al ombligo. Y después, parar, aparcar el coche y reflexionar. Hemos de saber bien como subir al tren del progreso, al AVE que nos adentre en el mundo del futuro.
Hemos podido comprobar que todos aquellos viajantes que hacían cola a la puerta de nuestros establecimientos ya no están. Hemos visto pasar modas a velocidad de vértigo. Hemos llenado nuestros escaparates y almacenes de género de difícil salida cuando pasa la temporada. Nos hemos cargado de marcas y productos con las que no sabemos que hacer. Hemos saneado nuestras deudas fundiendo el oro para pagar mercancía perecedera o invendible….
Hemos hecho tantas cosas que ahora nos da miedo emprender otra dirección. Cuando se vendía todo, nos hemos dedicado a criticar a intrusos (bancos, venta por catálogo, “machacas”, etc., etc.) sin aprender de ellos. Cuando todo parecía fácil, ni siquiera hemos dejado que la juventud expusiera sus ideas. La hemos sacado de nuestros establecimientos, porque sus críticas hacían incómodo nuestro “modus vivendi”. Y ahora, ¿qué nos espera?
No hemos creído a nuestros menores, a los que van a heredar los negocios, a los que tienen que buscar salidas de futuro, a los que sé que, sin duda, no van a seguir nuestros pasos, sin orientación ni proyecto claro. Lógicamente han tomado otros caminos y en ellos se desarrollan. Creo que no hay sector como el nuestro, tan yermo de ideas jóvenes.
No sé cual es la posición exacta de cada uno en este momento, pero lo que sí me atrevo a reiterar es que nos urgen unos minutos de reflexión, tal vez sean los más rentables de nuestra vida profesional.
Lo peor que podemos hacer es comprar y esperar que nos vengan a comprar, sin saber lo que nuestro cliente está esperando. Usted no sabe lo que quiere, pero él sí. Hoy el consumidor no va a ver si encuentra algo, va a por algo que ya conoce y que espera que usted tenga y se lo garantice, y además al mejor precio.
Los portales de venta resolvieron el problema puntual al fabricante y al mayorista, pero no se preocuparon de la tienda. Y no lo olvidemos, ellos tienen al cliente, son esa gran superficie que si en un principio le ofreció “gangas”, ahora se está preparando para ofrecer novedades.
¿Vamos a dejar que nos retiren del juego o vamos a jugar la partida con ellos? Ha comenzado un nuevo deporte en el mercado del comercio y no es ajeno a joyeros-relojeros. Pero no lo olvidemos, llegó para quedarse, y yo me atrevo a decir que para ser olímpico. Participemos todos de él.

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