viernes, 29 de abril de 2011

A la sombra del joyero

Es difícil vivir a la sombra de un gran empresario, es difícil vivir a la sombra del joyero que se hizo a sí mismo y triunfó en solitario.

El joyero que se hizo a sí mismo, ahora verá truncado su éxito porque no encuentra ni el camino ni la sucesión. Éste es el drama de muchos de nuestro sector que no han dejado evolucionar a sus descendientes y que ven cerrar las puertas de su negocio.

El sector está compuesto de empresas familiares, pero estas empresas no se deben cerrar en sí mismas. Una empresa es un ser vivo, un proyecto en evolución constante, nada es definitivo ni inamovible. Todo ha de ser flexible y evolucionar hacia el futuro si se persigue la supervivencia.

Es verdad que los cambios siempre producen controversias, por ello no es malo. Lo malo es la apatía, la indiferencia.

Por ejemplo, a nadie se le escapa los cambios que se han producido en las actitudes de los consumidores, ya sea por cuestión de gustos o por poder adquisitivo. La década de los que consideraban el reloj o la joya para toda la vida ha acabado hace tiempo. Hoy ya nadie piensa así.

Nuestro proveedor (mayorista) y el detallista han de hablar el mismo idioma que el consumidor para que éste sea receptivo. Se dice que la vida es circular y se recibe lo que se da.

La intuición en nuestro sector juega un papel importante porque nos permite tener nuevas ideas. Hay negocios que no funcionan, y la mayoría son por problemas humanos y no técnicos.

Llegó el momento de implantar la humildad como filosofía de negocio y la tolerancia como arma. Tenemos que ser capaces de ver, escuchar, comprender y sacar conclusiones del mercado.

De la empresa familiar se dice popularmente que el abuelo la pone en marcha, los hijos la mantienen y los nietos la entierran. Pero no echemos toda la culpa al cambio generacional. Tal vez muchos errores hay que buscarlos con antelación a éste.

El retraso en la sucesión y la falta de coraje para acometer estrategias de riesgo pueden haber sido causas que nos llevan al fracaso.

Los clientes envejecen al igual que los negocios, tal vez parte del error sea el no adaptar nuestras estrategias a los cambios generacionales.

El que esté todavía a tiempo que reaccione, y el que llegue tarde que acelere el cierre. No esperemos a ver las barbas del vecino pelar, para poner las nuestras a remojar.

Si uno se equivoca, ha de saber reconocer el error. No confundamos el realismo con la debilidad. Tenemos que saber adaptarnos al entorno, apartarnos de situaciones inmovilistas y evolucionar acorde a lo que el mercado nos demanda.

Tenemos que estar escuchando constantemente lo que pide el consumidor y no ofreciendo sólo lo que a nosotros nos ha gustado fabricar o adquirir para nuestro establecimiento.

Tenemos que olvidarnos de mandar, y aprender a delegar. Tenemos que saber que valemos por lo que somos y no por lo que tenemos. Nuestro sector necesita insistentemente hablar más con el corazón.

Y repito. Todo en esta vida es cambio y continuidad. Todo en la vida es un proceso, el tiempo elimina personas y cambia paisajes, pero surgen otros nuevos. Tenemos que saber que es lo urgente, pero no podemos eclipsar lo importante. Aprendamos de una vez a vivir como pensamos para no acabar pensando como vivimos.

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