lunes, 16 de mayo de 2011

Activos intangibles

Mientras nuestro sector anda quejoso, rodeado de plañideros, hay otros que celebran las virtudes de sus activos intangibles. Me explico. La mayoría de nosotros arrastramos lastimosos el lastre de la crisis y afirmamos: “¡Es que nada se vende!”. Podríamos contestar, como Jarabe de Palo, “depende”.

Los estilistas defienden con entusiasmo que enriquecer la vida con complementos es la forma mas fácil de salir airosos a la calle portando una sencilla camiseta de algodón y un jeans. Eso sí, cuanto más vistosos, llamativos y exagerados sean, tanto mejor. Ya es hora de lucir pendientes, collares, pulseras y anillos seguros de sí mismos y su potencial.

En esta línea, las grandes cadenas de moda ya llevan algunos añitos basando una parte de su estrategia de crecimiento en los complementos. Y estos complementos se están convirtiendo en eficientes remos para las cadenas de distribución. Si no, que se lo pregunten a Inditex, pionera en estas lides con su cadena Uterqüe, que registró el pasado año un crecimiento del 36%, o Mango, que abrirá su primera tienda en calle Mango Touch el próximo julio en Barcelona, en concreto en Rambla de Catalunya.

Todos sabemos que los complementos tienen mayor margen y encima resultan atractivos, por ser más económicos, al consumidor final. Por ejemplo, igual no podamos permitirnos un traje de Adolfo Domínguez, pero ¿por qué no un reloj? Y como esto, miles de planteamientos similares más.

Los complementos también han sufrido menos la crisis; con poco dinero el consumidor renueva su apariencia casi en un abrir y cerrar de ojos. Son aliados cómodos y perfectos para hacernos sentir guapos, bien y únicos. Y entre ellos, la bisutería es quizá la que sume todos los puntos a favor.

Pero en este nuevo fenómeno existen más datos a tener en cuenta. Por ejemplo, la mayor parte de las cadenas trabajan los complementos de forma independiente. ¿La razón? Dicen los expertos que además de requerir, por naturaleza propia, menos metros cuadrados de exposición, la gestión resulta más simplificada.

¿Por qué los joyeros estamos empeñados en no ver este fenómeno o similares? ¿Simplemente porque resultan de una incoherencia casi violenta respecto a la visión pésima y pesimista a la que nos hemos aferrado? Lo mezclamos todo. Somos incapaces de ver líneas de negocio distintas y analizar cuál es la que nos corresponde o nos podría corresponder…

Nuestro sector también tiene “complementos”, alternativas que pueden satisfacer esa necesidad innata al ser humano que es la de ornamentarse, aunque sea a la medida de sus capacidades o posibilidades en un momento no especialmente boyante. Sólo hay que saberlas buscar y aplicarlas. Apliquemos a nuestros negocios un poco de claridad, transparencia y objetivos a cubrir. No somos bazares.

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