sábado, 12 de octubre de 2002

SIN PRISAS PERO SIN PAUSAS

Vivimos en un mundo en que la velocidad y las prisas nos agobian. Hablamos tan deprisa que casi no ponemos atención a lo que decimos. Corremos tanto al hablar que la palabra va más veloz que la mente. A veces, a los buenos vendedores se les cuelan palabras que no son suyas que, en ocasiones, ni hemos escuchado.

Con demasiada frecuencia, cogemos fórmulas de otros: de anuncios, de slogans. Expresiones que, si nos están bien aplicados, pueden llegar a ser verdaderos disparates.

Hablamos como si fuésemos un manual de trabajo, de marketing. Lo fidelizamos todo. Lo queremos personalizar todo. Y, con más frecuencia de la debida, metemos la pata soberanamente. Queremos adelantarnos al futuro sin afirmar primero los pies.

Yo lo he dicho muchas veces: el futuro ya está aquí. Pero esto no soluciona el problema. Ahorramos pasos pero ocultamos el camino. Y así estamos cada vez más perdidos.

Con tantas prisas se nos olvida lo más elemental. Ya no sabemos utilizar los cauces normales para conocer gente, para comunicarnos. Los .com, .net, .es, etc. nos han trastocado los caminos reales de siempre. Estamos llegando al colmo de lo que se ha dado en llamar “higiene social”. Estamos llegando a la relación son relacionarse, a la desesperación más absoluta. Así, por ejemplo, en el amor algunas parejas ya sólo se conocen “chateando”.

Para algunas cosas las técnicas modernas pueden ser normales; pero para otras, no. Nos puede llevar a situaciones en las que no conocemos ni la pinta ni la forma del otro. En los negocios pasa más de lo mismo. Sin embargo en ellos, si la ética y la seriedad imperan, pueden tener su valor y su efectividad.

Se acabó aquel apretón de manos para cerrar un trato. Hemos perdido la humanidad. Hemos convertido las cosas virtuales en reales. Y, por mucho que nos empeñemos, entre ambas hay diferencias abismales. Un beso... ¿es igual real que virtual?. Aunque el gusto y el placer los podamos imaginar cada uno a nuestro antojo, todos podemos ver que no es lo mismo.

Como no tenemos tiempo de cultivar compañías reales, las sustituimos por virtuales. Que le pregunten a un propietario de un establecimiento si es lo mismo el contacto personal con un buen agente comercial o la frialdad de un contacto virtual. Por mucho que nos empeñemos, no podemos sustituir uno por otro. Creo sinceramente que los dos deben ser complementarios. Las tecnologías no deben anular sino complementar. No deben sustituir sino ayudar.

Por consiguiente, no podemos ni debemos convertir en un fin lo que solamente es un medio. Los códigos de conducta ya están dictados. No podemos inflar el protagonismo de los medios que los avancen técnicos nos brindan. Por mucho que nos empeñemos, nunca podrán sustituir a las personas.

¿Recuerdan que se vaticinó la muerte del cine cuando se inventó la televisión?. También con el invento de Internet se llegó a predecir el fin de los libros, del papel y de la propia televisión. Sin embargo todos vemos y comprobamos que no es así.

Lo que tenemos que hacer es saber colocar cada cosa en su sitio. La técnica hay que saber utilizarla y dominarla antes de que ella nos trague o conquiste a nosotros. No podemos ni debemos oponernos por sistema a los avances. Debemos utilizarlos cada vez más. Pero sabiendo que la última decisión es nuestra. Sin nosotros esa técnica no tendría sentido. El ser humano es y será insustituible.

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