viernes, 18 de mayo de 2007

LA NECESIDAD DE SER OPTIMISTAS

No hacen falta más explicaciones. Supongo que lo habréis oído y que estaréis de acuerdo. Se trata de una realidad que no parece admitir discusión. Según los entendidos, se ha demostrado ya que la gente positiva vive más tiempo. Y, además, es más sana; es más feliz; no es rencorosa; trabaja más alegre y rinde más.

Por esta simple razón y por las consecuencias que de ella se derivan, creo positivamente que nuestro sector necesita unas buenas dosis de positivismo, dosis de alegría, dosis de sinceridad. Creo que los responsables, los que de una u otra forma, ocupamos puestos de cierta relevancia, debemos inculcar en los trabajadores clases de positivismo y sinceridad. Porque, al igual que se dice que la gente que ríe, la gente alegre, es más positiva; igualmente pasa en el trabajo, se rinde más con un estado de ánimo alegre que pesimista.

Tenemos que acostumbrar al trabajador a ver la botella medio llena y no medio vacía. Tenemos que habituarlos a ver la realidad -presente y futura- con optimismo. Los pesimismos, la negatividad, los profetas de calamidades, suelen resultar nefastos. Ya lo decía Chesterton: "El pesimista piensa mal de todo, excepto de sí mismo". El pesimista todo lo ve negro y es incapaz de vislumbrar un pequeño rayo de luz o de esperanza entre tanta negrura.

Se suele decir que la salud de una empresa, de un establecimiento, se nota en cuanto entramos por la puerta de entrada y vemos el estado de ánimo de los empleados. Si hay demasiada seriedad, probablemente es que hay exageración en la disciplina. Y, consiguientemente, puede haber dolencia en el estado de ánimo. Aunque la Biblia nos dice que el trabajo se creó como un castigo, no debemos los humanos interpretarlo al pie de la letra. Si para bailar hace falta música, para trabajar hace falta alegría. Cuando uno de mis hijos era pequeño y decía a su madre, ‘Mamá, lo que más me gusta de papá es que siempre trabaja y siempre va contento al trabajo’, es que tal vez él ya comenzaba a vislumbrar el lado alegre del trabajo.

Psicología Positiva
Fue el año 2000 cuando Martin Seliguan, de la Universidad de Pensilvania, formalizó la asignatura de Psicología Positiva. Y este hecho no era más que la plasmación externa y verídica del reconocimiento de los múltiples aspectos positivos que anidan en la mente humana. Con otras palabras, era el reconocimiento oficial de una realidad que estaba latente y operante en las potencialidades del ser humano. Era la oficialización académica de una realidad que estaba -y está- llamada a producir frutos en el devenir empresarial.

La salud de nuestro trabajo no sólo se ve fortalecida con los efectos positivos de sus empleados, sino que genera en el colectivo una potencialidad inusitada, capaz de afrontar las situaciones más tensas. Al ser positivos, al poner en acción nuestras energías positivas, lo que estamos haciendo es abrir nuevos caminos para encontrar alternativas alegres a las soluciones de los problemas.

Eduardo Punset asegura en un libro que la felicidad es la ausencia del miedo. Algunas empresas, en especial a la hora de elegir empleados, dependientes, etc., valoran enormemente el estado de ánimo de los candidatos. Para buscar vendedores activos, comerciales eficaces, utilizan un método llamado optimismómetro. ¿Por qué? Porque, como decía Francois Guizot ya en el siglo XIX, "Los pesimistas no son sino espectadores. Son los optimistas los que transforman el mundo"
Es más. Incluso hay quien se atreve a afirmar que la actitud mental positiva determina el éxito en el trabajo. Si enseñamos a los trabajadores a ser positivos, veremos cambios en las actitudes laborales y en el rendimiento de cada puesto de trabajo, con reducciones de conflictos y con mejora de resultados. Decía Thomas Friedman ‘Soy optimista por naturaleza porque soy bajito y sólo veo la parte medio llena de la botella’.

Comencemos en el sector joyero-relojero a cultivar el optimismo y veremos cambios bruscos en los resultados. Y, ¡qué caray!, lo pasaremos mejor y viviremos más felices.

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