viernes, 15 de febrero de 2008

LAS TRES HACHES

Lo leí el otro día y no me llamó la atención, sino que me hizo reflexionar. Tanto fue así que ahora no me resisto a comentar en voz alta estas elucubraciones mentales por si resultan de utilidad para mis lectores. Como siempre, no trato de dar lecciones.

Simplemente ofrezco mi punto de vista por si puede prestar algún servicio. La frase en cuestión decía simplemente: "Un líder tiene que tener tres ‘H’: humildad, humanidad y humor". Pero, ¿qué significan estas tres palabras? ¿Qué alcance pueden tener para cada uno de nosotros, envueltos en esa vorágine asfixiante de la vida diaria? Aunque a primera vista parezca un contrasentido, tenemos que comenzar por practicar la virtud de la humildad. Tenemos que vivir a tope esta "condición de la persona que actúa sin orgullo, sin presumir de sus méritos y reconociendo sus defectos o sus errores".

Así define el Diccionario esta cualidad. Son tres facetas que nos llevan a situarnos en una actitud realista de predisposición a aprender de la vida y en la vida. Sólo el humilde reconoce sus carencias y está dispuesto a aprender. La humildad es la base del triunfo. Sin ella, la construcción de nuestra vida corre el peligro de desmoronarse como un castillo de naipes. Pero además, necesitamos rebosar de humanidad. Las tiranías y los abusos no suelen llevar al triunfo. Al contrario, es la falta de humanidad en nuestra forma de ser y de actuar la que suele acarrear tremendos fracasos. Sólo liderando desde la humanidad, estaremos en condiciones de poder pedir al equipo, a nuestra gente, que dé lo mejor de sí mismo, que aporte toda la potencialidad que lleva dentro.

Hay que tener humanidad. Hay que ser siempre muy humanos. Hay que actuar en todo momento haciendo gala de esa condición indispensable que nos obliga a no dejarnos llevar por esos instintos impulsivos que nos sitúan en una esfera inferior.

Y, por último, el humor, "esa propensión a mostrarse alegre y complaciente", esa facultad de saber descubrir el lado positivo de las cosas, incluso de las que rezuman negatividad. El humor y la alegría son ingredientes esenciales para el líder. Churchill decía:“La imaginación consuela a las personas de lo que no han podido ser y el humor les consuela de lo que son”. Pienso que si aireásemos nuestras alegrías igual que cacareamos nuestras penas, otro gallo nos cantaría.

El humor es la salsa de la vida y encamina hacia el triunfo. Por eso, ningún problema, por grande que sea, debería nunca matarnos el humor ni sumirnos en una depresiva desgana ni, mucho menos, abocarnos a un asfixiante derrotismo. Termino, pues, repitiendo lo del principio. Humildad, humanidad y humor, por el orden que queramos -porque también aquí el orden de los factores no altera el producto- son tres pilares básicos -pero no exclusivos- sobre los que se debe asentar nuestro hoy con proyección hacia el mañana.

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