Son varias las acepciones que tiene la palabra protocolo. Pero en todas ellas existe un denominador común que quisiera resaltar. Protocolo es un término que se asocia a la gestión de cualquier evento, un vocablo que hace referencia a un determinado proceder a la hora de organizar un acto concreto. Con otras palabras, el término protocolo se usa, en lo que hace referencia a las relaciones humanas, para describir el conjunto de conductas y normas que es necesario conocer, respetar y cumplir.
En nuestro ámbito comercial son frecuentes las relaciones de negocios con representantes de otros países y de otras culturas. De ahí que resulte imprescindible poseer un conocimiento sobre la forma mas adecuada de presentar y relacionar a los asistentes a un determinado evento, ya sean clientes potenciales, ya sean proveedores o socios. Conocer y dar a conocer las normas de comportamiento, se con vierte en una necesidad ineludible, para situarnos en el camino del éxito. Es lo que se conoce como protocolo social; expresión que engloba las tradiciones y las costumbres de cada lugar en las que está presente también su herencia cultural y religiosa.
Donde interactúan diferentes personas, para establecer una forma correcta de actuación resulta indispensable priorizar actividades, acciones e iniciativas. Todo debe estar medido y sopesado. Todos y cada uno deben saber cual es su papel. Y todos y cada uno deben estar convencidos de que la proyección de la imagen de su empresa dependerá de su recto proceder y de su correcto comportamiento.
Podemos afirmar que todas estas actuaciones se engloban dentro de eso que se ha denominado cultura empresarial. No se trata de adoptar poses teatrales o fingidas ni mucho menos de hacer alardes deslumbrantes. Se trata, ante todo y sobre todo, de ser realistas, de actuar con naturalidad; naturalidad que nunca debe estar reñida con la firmeza y la decisión.
Tengamos en cuenta que la organización y el desarrollo de un evento de esas características se convierten, a nivel de imagen y marketing, en la carta de presentación de nuestra empresa. ¡Cuantas veces, por no saber cuidar los detalles, hemos dado una imagen falsa! ¡Cuantas veces hemos fracasado por no haber sabido tener un comportamiento correcto con los asistentes! ¡Cuantas veces, por no atender correctamente a las personas o por no planificar convenientemente los actos, hemos tirado por tierra unas posibilidades que estaban al alcance de nuestras manos! Si somos sinceros, tenemos que reconocerlo así. Y no solo para lamentarnos sino para buscar remedios efectivos y eficaces.
Resumiendo: la palabra protocolo es un concepto que no da pie a la improvisación. Y, aunque en nuestra vorágine existencial nos pueda parecer a primera vista una lamentable pérdida de tiempo, lo cierto es que su importancia resulta capital. El protocolo y los protocolos son algo que nunca debemos olvidar. De ellos dependen muchos éxitos y muchos fracasos.
En nuestro ámbito comercial son frecuentes las relaciones de negocios con representantes de otros países y de otras culturas. De ahí que resulte imprescindible poseer un conocimiento sobre la forma mas adecuada de presentar y relacionar a los asistentes a un determinado evento, ya sean clientes potenciales, ya sean proveedores o socios. Conocer y dar a conocer las normas de comportamiento, se con vierte en una necesidad ineludible, para situarnos en el camino del éxito. Es lo que se conoce como protocolo social; expresión que engloba las tradiciones y las costumbres de cada lugar en las que está presente también su herencia cultural y religiosa.
Donde interactúan diferentes personas, para establecer una forma correcta de actuación resulta indispensable priorizar actividades, acciones e iniciativas. Todo debe estar medido y sopesado. Todos y cada uno deben saber cual es su papel. Y todos y cada uno deben estar convencidos de que la proyección de la imagen de su empresa dependerá de su recto proceder y de su correcto comportamiento.
Podemos afirmar que todas estas actuaciones se engloban dentro de eso que se ha denominado cultura empresarial. No se trata de adoptar poses teatrales o fingidas ni mucho menos de hacer alardes deslumbrantes. Se trata, ante todo y sobre todo, de ser realistas, de actuar con naturalidad; naturalidad que nunca debe estar reñida con la firmeza y la decisión.
Tengamos en cuenta que la organización y el desarrollo de un evento de esas características se convierten, a nivel de imagen y marketing, en la carta de presentación de nuestra empresa. ¡Cuantas veces, por no saber cuidar los detalles, hemos dado una imagen falsa! ¡Cuantas veces hemos fracasado por no haber sabido tener un comportamiento correcto con los asistentes! ¡Cuantas veces, por no atender correctamente a las personas o por no planificar convenientemente los actos, hemos tirado por tierra unas posibilidades que estaban al alcance de nuestras manos! Si somos sinceros, tenemos que reconocerlo así. Y no solo para lamentarnos sino para buscar remedios efectivos y eficaces.
Resumiendo: la palabra protocolo es un concepto que no da pie a la improvisación. Y, aunque en nuestra vorágine existencial nos pueda parecer a primera vista una lamentable pérdida de tiempo, lo cierto es que su importancia resulta capital. El protocolo y los protocolos son algo que nunca debemos olvidar. De ellos dependen muchos éxitos y muchos fracasos.

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