Pasó la feria y, como cabía esperar, cada uno habla de ella según le fue. Y, como siempre, siguiendo el símil taurino, hubo división de opiniones.
Que duda cabe de que en épocas de crisis las habilidades de comunicación tienen vital importancia y saber utilizar los cauces apropiados que se nos brindan no lo es menos. Cada vez nos resulta más necesario acudir a los medios más específicos y concretos que están a nuestra disposición. Cada vez nos resulta más prioritario echar mano de esas nuevas y pioneras estrategias que se ponen a nuestro alcance.
Se trata, pues, de poner toda la carne en el asador, de tomar conciencia de que el tiempo pasado no fue mejor; que lo mejor está por llegar. Y todos los esfuerzos y críticas que hagamos, han de ir enfocados a potenciar esos planteamientos que nos llevan a establecer esa elemental y fundamental comunicación con el cliente. Planteamientos que, como es lógico, han de estar adaptados a los tiempos actuales.
Sí, es verdad que estamos afrontado una situación critica. De eso a nadie le cabe la menor duda. Pero también es verdad que en España ya solo nos queda una plataforma de exposición con carácter nacional e internacional que se llama Iberjoya y que dos veces al año se nos brinda para que la utilicemos y le saquemos rentabilidad.
Me consta que en algunas empresas su departamento comercial está única y exclusivamente basado en las ventas durante Iberjoya. Y estas se le han reducido. Insistimos en que estos cauces y estas plataformas feriales son un complemento y un medio para conseguir el fin. Un medio ciertamente importantísimo, pero insuficiente a todas luces. Si estos escasos eventos feriales no van acompañados y potenciados por otros instrumentos específicos y especializados, pierden la mayor parte de su fuerza y su vigor.
Se me pide desde distintos puntos que diga la verdad, cosa que he venido haciendo siempre. Pero decir la verdad no es criticar sino sopesar, contrastar, analizar y sacar resultados, cosa que también he venido haciendo normalmente. Por eso me permito hacer una observación que considero importantísima.
Hoy tenemos que vencer la tentación de suprimir gastos en promoción y en ferias con el ánimo de ahorrar. Cualquier entendido nos puede demostrar que en época de crisis esa actitud resulta de lo más absurda. Si sabemos y queremos hacer bien las cosas, tenemos que cambiar los planteamientos. Tenemos que convencernos de que, aunque a primera vista pueda parecer lo contrario, éstas son las inversiones más rentables que podemos realizar. Por favor, no pensemos que una feria es la panacea que pone remedios a todos nuestros males. No seamos ilusos. Seamos realistas y analicemos crudamente nuestra realidad empresarial.
Evidentemente, cada empresa tiene su personalidad específica y bien definida. Por eso a cada una le hace falta una terapia propia, proporcionada y apropiada. De ahí que resulte imprescindible establecer primeramente un diagnóstico detallado. Y una vez descubierta y concretizada la enfermedad que padece, podremos ya buscar el remedio apropiado. De lo contrario, estaremos dando palos de ciego, exponiéndonos además a riesgos innecesarios que, en vez de curar, lo que hacen es empeorar la propia situación.
En este sentido me atrevo a afirmar que todos estamos capacitados para enfrentarnos a ella. Por eso debemos ser conscientes de nuestra propia valía. Si tenemos herramientas que funcionaron y lo único que necesitan es una reparación o una puesta a punto, hagámosla cuanto antes y sin miedo. A lo mejor no hace falta destruir nada sino reconstruir –reconducir, potenciar y actualizar- lo que ya tenemos.
Es el último mensaje que se me ocurre hoy.
Que duda cabe de que en épocas de crisis las habilidades de comunicación tienen vital importancia y saber utilizar los cauces apropiados que se nos brindan no lo es menos. Cada vez nos resulta más necesario acudir a los medios más específicos y concretos que están a nuestra disposición. Cada vez nos resulta más prioritario echar mano de esas nuevas y pioneras estrategias que se ponen a nuestro alcance.
Se trata, pues, de poner toda la carne en el asador, de tomar conciencia de que el tiempo pasado no fue mejor; que lo mejor está por llegar. Y todos los esfuerzos y críticas que hagamos, han de ir enfocados a potenciar esos planteamientos que nos llevan a establecer esa elemental y fundamental comunicación con el cliente. Planteamientos que, como es lógico, han de estar adaptados a los tiempos actuales.
Sí, es verdad que estamos afrontado una situación critica. De eso a nadie le cabe la menor duda. Pero también es verdad que en España ya solo nos queda una plataforma de exposición con carácter nacional e internacional que se llama Iberjoya y que dos veces al año se nos brinda para que la utilicemos y le saquemos rentabilidad.
Me consta que en algunas empresas su departamento comercial está única y exclusivamente basado en las ventas durante Iberjoya. Y estas se le han reducido. Insistimos en que estos cauces y estas plataformas feriales son un complemento y un medio para conseguir el fin. Un medio ciertamente importantísimo, pero insuficiente a todas luces. Si estos escasos eventos feriales no van acompañados y potenciados por otros instrumentos específicos y especializados, pierden la mayor parte de su fuerza y su vigor.
Se me pide desde distintos puntos que diga la verdad, cosa que he venido haciendo siempre. Pero decir la verdad no es criticar sino sopesar, contrastar, analizar y sacar resultados, cosa que también he venido haciendo normalmente. Por eso me permito hacer una observación que considero importantísima.
Hoy tenemos que vencer la tentación de suprimir gastos en promoción y en ferias con el ánimo de ahorrar. Cualquier entendido nos puede demostrar que en época de crisis esa actitud resulta de lo más absurda. Si sabemos y queremos hacer bien las cosas, tenemos que cambiar los planteamientos. Tenemos que convencernos de que, aunque a primera vista pueda parecer lo contrario, éstas son las inversiones más rentables que podemos realizar. Por favor, no pensemos que una feria es la panacea que pone remedios a todos nuestros males. No seamos ilusos. Seamos realistas y analicemos crudamente nuestra realidad empresarial.
Evidentemente, cada empresa tiene su personalidad específica y bien definida. Por eso a cada una le hace falta una terapia propia, proporcionada y apropiada. De ahí que resulte imprescindible establecer primeramente un diagnóstico detallado. Y una vez descubierta y concretizada la enfermedad que padece, podremos ya buscar el remedio apropiado. De lo contrario, estaremos dando palos de ciego, exponiéndonos además a riesgos innecesarios que, en vez de curar, lo que hacen es empeorar la propia situación.
En este sentido me atrevo a afirmar que todos estamos capacitados para enfrentarnos a ella. Por eso debemos ser conscientes de nuestra propia valía. Si tenemos herramientas que funcionaron y lo único que necesitan es una reparación o una puesta a punto, hagámosla cuanto antes y sin miedo. A lo mejor no hace falta destruir nada sino reconstruir –reconducir, potenciar y actualizar- lo que ya tenemos.
Es el último mensaje que se me ocurre hoy.

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