martes, 20 de enero de 2009

CUANDO LAS CIRCUNSTANCIAS SON NEGATIVAS

Decía Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias”. Y casi siempre interpretamos esas circunstancias como algo externo a nosotros: Sin embargo, yo creo que tienen más importancia las circunstancias que están dentro de nosotros mismos, formando parte de nuestro ser y de nuestro actuar. Son esas –las circunstancias internas- las que forman y conforman nuestra personalidad y condicionan enormemente nuestras actuaciones.

Fijémonos, por ejemplo, en nuestra manera de hablar. Nos contamos historias según la emoción que sentimos. Según sean nuestras emociones, así será en ese momento nuestro lenguaje. Y según sea nuestro lenguaje en un momento concreto, así será nuestro estado emocional. Por eso afirman los psicólogos que la relación entre emoción y lenguaje es bilateral y que entre ambas se puede establecer una concatenación de causa-efecto y de efecto-causa.

También los recuerdos condicionan nuestros comportamientos. Recordamos los buenos y los malos momentos y en base a ellos actuamos. No es que el pasado nos atenace y nos impida reaccionar. Se trata, sencilla y llanamente, de que esas circunstancias que forman parte de nuestra historia, están influyendo en nuestras actuaciones. Y con bastante frecuencia es necesario hacer ímprobos esfuerzos para no dejarnos seducir por ellas. Emprender caminos nuevos exige mucha fuerza de voluntad. De ahí la necesidad que tenemos de hacer planteamientos radicales que nos impulsen a buscar soluciones también radicales.

Y en esto no vale buscar excusas. Excusarse no lleva a ninguna parte. Eso, lo único que hace, es generar inmovilismo. Y mucho más si nos dedicamos a buscar cómplices, asociándonos solamente a aquellos que tienen nuestro mismo pensar y sentir. Crear un frente de negatividad es tirar piedras contra el propio tejado.

Tampoco vale esperar que la tarea innovadora la realicen otros. Hablar de lo que tienen que hacer otros es igualmente desviar el problema. Una vez más hay que recordar aquello de que nadie es imprescindible pero todos somos necesarios. Por eso es tan necesario cooperar, aunando todas las energías positivas del sector. Tenemos que caer en la cuenta de que, si nos sentimos solos, esa circunstancia anímica de la soledad nos hará perder un sinfín de energías potenciales condenándonos a una lucha sin tino.

Por último y como consecuencia de lo anterior, estamos en la necesidad de potenciar al máximo nuestro sentido de grupo. Hoy más que nunca tiene que aparecer patente, tiene que florecer ese orgullo gremial que nos hace avanzar con la cabeza muy alta, convencidos de que nada ni nadie nos va a apartar del camino del triunfo. Sí, hay que utilizar las capacidades de todos para la realidad de cada uno.

Por lo tanto, tomemos conciencia de nuestra dinámica y hagámosla extensiva a los demás. Transmitamos las sensaciones positivas de dentro a fuera. Maximicemos la cooperación. Fomentemos la transversalidad y propongamos siempre dinámicas productivas. Solo estando juntos, solo caminando juntos, solo proyectando el mañana juntos, nos atreveremos a más y seremos capaces de hacer frente a esta trágica y crítica situación que amenaza con engullirnos.

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