Leyendo el Diccionario
Si hojeamos el Diccionario, nos encontramos con que la palabra “joya” procede etimológicamente de la palabra latina “gaudia”, que, a su vez, es plural de “gaudium”, gozo. Por consiguiente, si nos atenemos a su etimología, la joya nos sugiere connotaciones de gozo, de posesión de algo que nos produce alegría, placer, fruición, felicidad.
En su primera acepción, el Diccionario define la joya diciendo que es una “pieza de oro, plata o platino, engarzando a veces piedras preciosas, que se utiliza para adorno de las personas”. En otra acepción de la palabra joya, el Diccionario la refiere a “persona de gran valía”.
Estas dos acepciones -aparentemente tan dispares- se conjugan admirablemente en la persona de la madre, de cada madre, de nuestra propia madre. Efectivamente, ella –la madre- es esa “persona de gran valía” que nos ha dado el ser; esa joya de incalculable valor que nos llena de gozo el corazón, provocando en nuestro interior raudales de felicidad desbordante.
Por eso ella –la madre- se merece siempre todo lo mejor. Sí, ella se merece que nosotros le manifestemos nuestro amor, nuestro afecto, nuestro cariño con esa “pieza de oro, plata o platino” para que la utilice “como adorno” de su persona y como testimonio externo del lenguaje de nuestro corazón. Con otras palabras, “para la joya más grande, la joya mejor”
El “Día de la madre”
Es cierto que todos los días deben ser “día de la madre” porque para una madre y para un hijo no existen tiempos ni momentos. Solamente existe el “ahora” y el “siempre”. Pero también es cierto que la prosaica monotonía de la vida diaria y los múltiples quehaceres existenciales nos pueden hacer olvidar incluso las realidades vivenciales más profundas, más sublimes, más idealizadas.
Por eso necesitamos ubicar fechas, acontecimientos, “días de...” para poder expresar nuestros sentimientos con un lenguaje que va más allá del valor material del objeto. Y por eso podemos decir que la madre –cada madre- necesita que nosotros le manifestemos nuestra insondable riqueza afectiva por medio de acciones, gestos e incluso objetos que hablen por sí mismos y que sean testimonio externo de las vivencias más íntimas, más personales, más imperecederas.
Joyas de hoy y de siempre
Las joyas fueron siempre elementos esenciales en el adorno de las personas. En sus múltiples formatos constituyeron a lo largo de la historia un complemento necesario en el devenir existencial de la humanidad. Amoldándose a las distintas partes del cuerpo y a las necesidades y gustos de cada civilización, las joyas fueron adoptando diversas formas y configuraciones: brazaletes, anillos, gargantillas, pendientes, cadenas, broches, colgantes, diademas, etc.
Actualmente, los joyeros modernos están lanzados a una creatividad ilimitada e inusitada. Espoleados por una loable ansia de originalidad y acuciados por un público cada vez más entendido y exigente, los artistas actuales se mueven dentro de una gama extensísima, dilatada hasta los límites más insospechados. Sus creaciones van desde la reproducción casi exacta de modelos antiguos hasta los diseños más vanguardistas y arriesgados, en acentuada línea de pos-modernidad.
Ante tanta variedad creativa, ante una diversidad tan asombrosa, ante tantas posibilidades como nos ofrece el mercado actual, encontrar una joya para la madre no debe resultar tarea difícil. Además, el esfuerzo que necesitemos hacer, es de los que merecen la pena. Ella se merece eso y mucho más. Es la madre. Y esa palabra lo dice todo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario