En estos momentos de crisis acuciante en la que los problemas se nos amontonan, todos tendemos a vivir en una actitud mucho más agresiva. Y nuestro gremio no es ajeno a esta realidad. Por eso no nos vendrá mal que reflexionemos un poco sobre nuestros comportamientos diarios en nuestras relaciones comerciales. Tal vez tengamos que cambiar nuestro modo de actuar, corrigiendo algunos modales y desterrando otros.
Dice el Diccionario que la amabilidad "es la cualidad del que trata a otros con interés y complacencia". Una persona amable es siempre "complaciente y afectuosa". Por eso es tan necesario ser amable en la vida. Hay que ser complacientemente afectuosos y afectuosamente complacientes... Además, no solo no cuesta dinero sino que puede generar riqueza.
Si quieres ser tú mismo, si quieres triunfar, procura ser siempre amable, respetuoso y educado con los demás. Con la amabilidad abrirás muchas puertas y conquistarás muchos los corazones. Con la amabilidad serás, también, más apreciado y las gentes te valorarán.
En cambio, un hombre antipático, mal educado y grosero, déspota y mal encarado, es un hombre que repele, cada vez tiene menos amigos y el trato con él resulta muy desagradable. Tú procura no ser de éstos. Procura ser siempre y en todo momento una persona respetuosa, educada y amable en tu trato con todo el mundo, con tus iguales, con tus superiores y con tus inferiores. Aunque la procesión vaya por dentro, tú procura que no aflore al exterior.
Por otra parte, debes tener en cuenta que ser amable no significa que has de ser una persona servil, sujeta a los caprichos de los demás. Se puede ser amable y, al mismo tiempo, negar algo que nos piden porque no podemos o no debemos concederlo. Pero nuestra negativa debe ser dada con exquisita amabilidad, con finura y delicadeza, sabiendo hacer gala de un talante positivo y abierto.
Tampoco debes permitir que abusen de tu amabilidad. No cedas nunca a lo injusto, al error y al capricho, o a lo que no puedes o no debes conceder. Si cedes, si te ven débil y voluble, abusarán de ti y te convertirás en una persona servil, asustada, temerosa y encogida
En tu trato comercial con la gente procura conjugar estas dos realidades. Ten amabilidad y ten firmeza. Son dos características que deben adornar siempre tu personalidad. Son dos características que, aunque no te van a solucionar todos los problemas de la terrible crisis que estamos padeciendo, seguro que te ayudarán a hacerla más llevadera.
Muchas veces basta una leve sonrisa en tus labios para levantar el corazón. La sonrisa es un bálsamo muy potente, capaz de ablandar al mismo acero. Sonríe hasta empapar el corazón con ese rayo de sol, penetrante y revitalizador.
Sí, sonríe a todos; pero especialmente a los tristes, a los tímidos, a los angustiados, a los que sufren, a los que se ven con el agua al cuello... Sonríe a pesar de tus problemas, de tus penas, de tus pruebas, de tus soledades. Sonríe aunque tu corazón llore. Sonríe siempre. Es una exigencia de la amabilidad. Y es, además, un camino para el éxito.
No niegues a nadie tu sonrisa. Sonríe con amor y por amor. No olvides que “la sonrisa es la distancia más corta entre dos personas”.
Dice el Diccionario que la amabilidad "es la cualidad del que trata a otros con interés y complacencia". Una persona amable es siempre "complaciente y afectuosa". Por eso es tan necesario ser amable en la vida. Hay que ser complacientemente afectuosos y afectuosamente complacientes... Además, no solo no cuesta dinero sino que puede generar riqueza.
Si quieres ser tú mismo, si quieres triunfar, procura ser siempre amable, respetuoso y educado con los demás. Con la amabilidad abrirás muchas puertas y conquistarás muchos los corazones. Con la amabilidad serás, también, más apreciado y las gentes te valorarán.
En cambio, un hombre antipático, mal educado y grosero, déspota y mal encarado, es un hombre que repele, cada vez tiene menos amigos y el trato con él resulta muy desagradable. Tú procura no ser de éstos. Procura ser siempre y en todo momento una persona respetuosa, educada y amable en tu trato con todo el mundo, con tus iguales, con tus superiores y con tus inferiores. Aunque la procesión vaya por dentro, tú procura que no aflore al exterior.
Por otra parte, debes tener en cuenta que ser amable no significa que has de ser una persona servil, sujeta a los caprichos de los demás. Se puede ser amable y, al mismo tiempo, negar algo que nos piden porque no podemos o no debemos concederlo. Pero nuestra negativa debe ser dada con exquisita amabilidad, con finura y delicadeza, sabiendo hacer gala de un talante positivo y abierto.
Tampoco debes permitir que abusen de tu amabilidad. No cedas nunca a lo injusto, al error y al capricho, o a lo que no puedes o no debes conceder. Si cedes, si te ven débil y voluble, abusarán de ti y te convertirás en una persona servil, asustada, temerosa y encogida
En tu trato comercial con la gente procura conjugar estas dos realidades. Ten amabilidad y ten firmeza. Son dos características que deben adornar siempre tu personalidad. Son dos características que, aunque no te van a solucionar todos los problemas de la terrible crisis que estamos padeciendo, seguro que te ayudarán a hacerla más llevadera.
Muchas veces basta una leve sonrisa en tus labios para levantar el corazón. La sonrisa es un bálsamo muy potente, capaz de ablandar al mismo acero. Sonríe hasta empapar el corazón con ese rayo de sol, penetrante y revitalizador.
Sí, sonríe a todos; pero especialmente a los tristes, a los tímidos, a los angustiados, a los que sufren, a los que se ven con el agua al cuello... Sonríe a pesar de tus problemas, de tus penas, de tus pruebas, de tus soledades. Sonríe aunque tu corazón llore. Sonríe siempre. Es una exigencia de la amabilidad. Y es, además, un camino para el éxito.
No niegues a nadie tu sonrisa. Sonríe con amor y por amor. No olvides que “la sonrisa es la distancia más corta entre dos personas”.

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