martes, 26 de mayo de 2009

EL LATIDO DEL SECTOR

El tiempo avanza inmisericorde. La primavera va muy alta. Los días son más largos y las noches más cortas. Brotan las flores y las hojas. Nacen los frutos en la naturaleza. Y, sin embargo, por mucho que intento abrir los ojos, yo no veo esos “brotes verdes” de los que nos habla la ministra vicepresidenta. ¿Será que ella solo quería referirse a la naturaleza y no a la economía? Cómo nos tienen tan acostumbrados a florituras verbales, todo es posible. El caso es eludir los problemas…

Si oteamos el entorno y las interioridades del sector joyero y relojero, observaremos de inmediato que se le ha roto el corazón. Ha dejado de latir con la precisión de ese reloj que con su tic-tac nos marcaba los pasos a seguir. Parece ser que ese reloj se ha roto como si le faltara el eje. Ha dejado de latir. Y ahora anda a la deriva, unas veces dando tumbos y bandazos a diestro y siniestro y otras enquistado y paralizado totalmente como si no tuviese ni fuerzas para exhalar esos latidos que denotan que todavía hay vida.

Vivimos en una crisis económica, política, cultural pero sobre todo de espíritu. Hace tan solo unos meses ni creímos que nos iba a afectar de una manera tan directa. Parece como si el sector hubiese dejado de funcionar, como si hubiese perdido totalmente el pulso, como si se hubiese esfumado su esencia, su sustancia, su sabiduría ancestral, su buen hacer tradicional.

No son analista profesional. Simplemente soy un observador de la realidad. Y esta observación me ha llevado a la conclusión de que la enfermedad del sector reside en el corazón. Porque es de ahí, del corazón, de donde emana y dimana la ilusión, la fuerza, las energías y la alegría. A simple vista, todo parecía normal pero la realidad era otra. Por eso no es extraño que a muchos les haya cogido desprevenidos. Nuestros gobernantes bien que se encargaron de esto. No en vano consumieron sus energías pintándonos un país idílico en el que la crisis nunca haría mella. Claro, así nos luce el pelo ahora.

Y ¿qué sucede cuando un corazón está averiado? En primer lugar, necesita ser revisado para poder inmediatamente diagnosticar la enfermedad y aplicar el remedio más conveniente y oportuno. Eso lo sabemos todos y pienso que también todos estamos convencidos de ello. Pero el problema no radica ahí. Hay que preguntarse quién es capaz de acometer esta tarea tan ineludible, quién dispone de la capacidad y los medios imprescindibles para afrontar este reto. ¿Son solo los líderes del sector? ¿No seremos, más bien, tarea de todos? Estoy convencido de que si todos y cada uno, tratamos de aportar nuestro granito de arena, otro gallo nos cantaría y otra sonrisa afloraría a nuestros labios.

No nos engañemos ni nos dejemos engañar sin más por esos “brotes verdes” de la ministra de turno. El mal es de fondo y está ahí, vivo y coleando; muchas veces haciéndonos tambalear con sus fieros zarpazos. El mal continúa afectándonos terriblemente. Continúa minando nuestras débiles y frágiles estructuras. Por eso tenemos que ser realistas al máximo para no dejarnos embaucar con falsos cantos de sirena. Y por eso no podemos quedarnos con los brazos cruzados esperando a que escampe. Ese sería un suicidio anunciado.

Sin embargo, existe también otra realidad de la que igualmente debemos ser conscientes. La crisis no será eterna. La crisis pasará. Y esto debe generar en todos y cada uno de nosotros un optimismo realista y activo. Porque solo los que sean capaces de poner remedios eficaces sobrevivirán. Pero para ello hay que cortar con los demás, con el colectivo. Aquí, igual que no hay culpables individuales ni en distintos eslabones de la cadena, tampoco habrá héroes ni triunfadores individuales. Si nuestro barco sale a flote, será con la ayuda de todos y cada uno.

Hay empresas que están adoptando soluciones muy llamativas y, hasta cierto punto, curiosas. Algunas optan por quitarse de encima los pesos pesados cuyos portentosos sueldos están lacrando su economía. Pero yo me pregunto y os pregunto: ¿Será ésta una medida eficaz? ¿Cuánto costaría esta medida? ¿Seremos capaces de formar otros a corto plazo capaces de resolver los problemas del negocio?

Es cierto que hoy en día se presentan pocas oportunidades. Pero también es cierto que esas oportunidades son de quines las saben buscar, de quienes se lanzan a buscarlas decididamente. Por eso, en esta película de crisis, los actores tienen que cambiar el papel. Todavía estamos adaptándonos a la venta en portales de outlet online y ya se han quedado antiguos. El fenómeno de venta por Internet solo ha hecho empezar. ¿Nunca has recibido un SMS de publicidad? Pues prepárate para comprar por teléfono. ¿De verdad crees que Internet solo venderá restos de stocks?. ¿De verdad crees que alguien que puede comprar algo por Internet, probarlo y después devolverlo si no le convence, va a perder su preciado tiempo en andar visitando todos los días tiendas físicas? Seamos realistas. Admitamos que nos hemos quedado anquilosados y anticuados. Sí, admitámoslo y obremos en consecuencia

Lógicamente, una tienda por Internet tiene que ofrecer solvencia y confianza. Igualmente, una tienda por Internet tiene que tener una importante oferta. Por ello una tienda virtual que ofrezca al consumidor el 20% de los productos de todas las tiendas de joyería y relojería, no cabe duda de que tendría un éxito asegurado… Pero esto ya es harina de otro costal.

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