Según la oficina estadística comunitaria, Eurostat, España es, junto con Italia, Grecia y Portugal, el país de la Unión Europea (UE) que menos porcentaje del producto interior bruto (PIB) destina a políticas de investigación, desarrollo e innovación (I+D+I). ¿Será pura casualidad que estas cuatro naciones sean países mediterráneos?
También según esas estadísticas, las firmas españolas dedicaron en el 2006 un total de 11.382 millones de euros a este apartado, cifra que supone solamente el 1,16 % del PIB.. Esto supone un aumento en cuatro décimas con relación al año anterior. Pero, aún así, España continúa sin alcanzar la media comunitaria, que es de 1,84%.
Como a simple vista se puede observar, España está muy lejos de alcanzar el objetivo del 3% marcado para todos los países de la Unión Europea para el próximo ejercicio. Solamente Suecia (3,82%) y Finlandia (3,45%) superan este objetivo europeo del 3% para el año 2010. Le siguen muy de cerca Alemania, Austria y Dinamarca que están a la cabeza de los países de la UE que mas fondos consagran a la investigación.
A nadie se nos escapa que estamos viviendo una crisis económica tremendamente acentuada. Para que nuestras empresas puedan crecer, se necesita hacer un nuevo planteamiento en este sentido y en este terreno. Y para ello es necesario la unión de todas las fuerzas implicadas y la realización conjunta de un ímprobo esfuerzo en I+D+I.
Por eso nos resulta tan necesario convencernos de algo que es elemental en una economía de mercado como la nuestra. Para que nuestras empresas no se anquilosen o se vayan al garete, uno de los ejes fundamentales de esta innovación lo constituyen los investigadores. Ellos son los que se encargan de idear productos y procesos de fabricación que sepulten a la vez rentables y atrayentes, eficaces y seguros.
Si seguimos mirando las estadísticas, reconoceremos que no somos los últimos, ciertamente. Como último de la fila se sitúa Rumanía (0´46%), seguido de Bulgaria ((0,48%) y Eslovaquia (0,49%). Ahora bien, aquí en esta tarea no vale mirar para los que vienen detrás. No vale consolarnos con que otros están peor que nosotros. El mal de muchos solo es eso: “consuelo de bobos”.
Si dispusiésemos de estadísticas que reflejasen la situación del sector joyero-relojero español, seguramente que tendríamos que lanzar un profundo lamento. Pero, aun careciendo de estadísticas, no es arriesgado afirmar que estamos a años luz de lo que sería necesario no solo para su crecimiento sino incluso para poder conservar una situación que no resulta nada halagüeña.
¿Qué tendríamos que hacer para poder salir del atolladero en que estamos inmersos? Evidentemente yo no puedo dar una respuesta concreta a esta pregunta. Pero sí puedo constatar una enorme carencia en nuestro sector. Y ello me lleva a poder afirmar que, si no invertimos más en investigación, desarrollo e innovación (en I+D+I), estaremos dando palos de ciego en el mercado nacional y en el internacional.
Llegados a esta conclusión, es cada uno el que tiene que analizar su problema, el problema de su propia empresa, y tratar de buscarle la solución más adecuada, más válida y que más aporte para el futuro. Los campos de nuestras empresas en los que debemos centrar nuestra inversión en investigación, desarrollo e innovación, demandan una urgente e ineludible decisión. Se trata de unos campos que cada uno debe delimitar y que requieren un análisis sincero y sereno pero profundo. Y, aunque a veces las decisiones puedan resultar dolorosas, no quedará más remedio que asumirlas con todas las consecuencias.
También según esas estadísticas, las firmas españolas dedicaron en el 2006 un total de 11.382 millones de euros a este apartado, cifra que supone solamente el 1,16 % del PIB.. Esto supone un aumento en cuatro décimas con relación al año anterior. Pero, aún así, España continúa sin alcanzar la media comunitaria, que es de 1,84%.
Como a simple vista se puede observar, España está muy lejos de alcanzar el objetivo del 3% marcado para todos los países de la Unión Europea para el próximo ejercicio. Solamente Suecia (3,82%) y Finlandia (3,45%) superan este objetivo europeo del 3% para el año 2010. Le siguen muy de cerca Alemania, Austria y Dinamarca que están a la cabeza de los países de la UE que mas fondos consagran a la investigación.
A nadie se nos escapa que estamos viviendo una crisis económica tremendamente acentuada. Para que nuestras empresas puedan crecer, se necesita hacer un nuevo planteamiento en este sentido y en este terreno. Y para ello es necesario la unión de todas las fuerzas implicadas y la realización conjunta de un ímprobo esfuerzo en I+D+I.
Por eso nos resulta tan necesario convencernos de algo que es elemental en una economía de mercado como la nuestra. Para que nuestras empresas no se anquilosen o se vayan al garete, uno de los ejes fundamentales de esta innovación lo constituyen los investigadores. Ellos son los que se encargan de idear productos y procesos de fabricación que sepulten a la vez rentables y atrayentes, eficaces y seguros.
Si seguimos mirando las estadísticas, reconoceremos que no somos los últimos, ciertamente. Como último de la fila se sitúa Rumanía (0´46%), seguido de Bulgaria ((0,48%) y Eslovaquia (0,49%). Ahora bien, aquí en esta tarea no vale mirar para los que vienen detrás. No vale consolarnos con que otros están peor que nosotros. El mal de muchos solo es eso: “consuelo de bobos”.
Si dispusiésemos de estadísticas que reflejasen la situación del sector joyero-relojero español, seguramente que tendríamos que lanzar un profundo lamento. Pero, aun careciendo de estadísticas, no es arriesgado afirmar que estamos a años luz de lo que sería necesario no solo para su crecimiento sino incluso para poder conservar una situación que no resulta nada halagüeña.
¿Qué tendríamos que hacer para poder salir del atolladero en que estamos inmersos? Evidentemente yo no puedo dar una respuesta concreta a esta pregunta. Pero sí puedo constatar una enorme carencia en nuestro sector. Y ello me lleva a poder afirmar que, si no invertimos más en investigación, desarrollo e innovación (en I+D+I), estaremos dando palos de ciego en el mercado nacional y en el internacional.
Llegados a esta conclusión, es cada uno el que tiene que analizar su problema, el problema de su propia empresa, y tratar de buscarle la solución más adecuada, más válida y que más aporte para el futuro. Los campos de nuestras empresas en los que debemos centrar nuestra inversión en investigación, desarrollo e innovación, demandan una urgente e ineludible decisión. Se trata de unos campos que cada uno debe delimitar y que requieren un análisis sincero y sereno pero profundo. Y, aunque a veces las decisiones puedan resultar dolorosas, no quedará más remedio que asumirlas con todas las consecuencias.

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