viernes, 29 de mayo de 2009

LA PUBLICIDAD, UNA INVERSION SIEMPRE RENTABLE

Aunque digan que las matemáticas son una ciencia exacta, yo no estoy tan seguro de ello. A los hechos concretos me remito. Por ejemplo, ¿cuántas son 2 y 2? No cabe la menor duda de que si ponemos un 2 debajo del otro y sumamos ambas cantidades, son 4. Ahora bien, si escribimos un 2 después del otro, ya no son 4 sino 22. Por consiguiente, las matemáticas, como ciencia exacta, también dejan qué desear.

Os preguntareis a qué viene esta perogrullada, por no llamarle de otra manera más popular y expresiva. Tal vez ni yo mismo sepa daros una explicación fehaciente ni convincente. Simplemente se me ha ocurrido cuando reflexionaba sobre las circunstancias y las consecuencias crematísticas de la acuciante crisis que estamos padeciendo y que tanto nos está afectando.

Cuando nuestras ventas entran en recesión, cuando nuestro productos no se venden, cuando vemos que el mercado está paralizado, solemos recurrir a medidas que no siempre son acertadas. Como lo que necesitamos es liquidez, nos lanzamos sin más a reducir los gastos de promoción, creyendo que, de esa forma, estamos poniendo un pequeño remedio a la enfermedad que padecemos. Pensamos que, ahorrándonos ese dinero, esa inversión promocional, podremos hacer frente a otras situaciones circunstanciales que se nos antojan más necesarias e ineludibles.

Pues bien, creo sinceramente y así lo manifiesto, que estamos en un craso error. Y voy a tratar de explicarme. Hoy por hoy, sin la publicidad nuestros productos no pueden darse a conocer. Y, lo que es peor, no puede despertar en el consumidor potencial esos deseos vehementes de adquirirlos. ¿De qué nos sirve, pues, tener mucha y buena mercancía si no buscamos y utilizamos los cauces apropiados para que llegue a los clientes? ¿De que nos sirve poseer grandes stoks de productos si el público no está interesado en ellos?

Entre las muchas facetas o finalidades que tiene la buena publicidad, a cada cual más importante, hay dos que considero que se llevan la palma. La primera será la de dar a conocer el producto, la de sacarlo a luz, la de promocionarlo. Y, la segunda, no menos importante, es la de despertar en el consumidor potencial deseos de adquirir ese producto. Si falla alguna de estas dos coordenadas, nuestra mercancía, por muy buena y original que sea, estará condenada al mas rotundo de los fracaso. Estará condenada a dormir el sueño de Morfeo a la espera de esa mano amiga e inteligente que sepa promocionarla.

¿Comprendéis ahora por qué la reducción o la eliminación de las inversiones en publicidad resultan a la larga –y también a la corta- una medida contraproducente? Aunque a primera vista pueda parecer un ahorro, en realidad no deja de ser eso: “pan para hoy y hambre para mañana”. Aunque en un primer momento creamos que estamos prescindiendo de una inversión superflua o innecesaria, lo que realmente estamos haciendo es minar los cimientos sobre los que se asienta nuestra capacidad comercial.

Seamos, pues, realistas y no nos dejemos deslumbrar por quimeras mas o menos fantasmagórica. Seamos conscientes de que hay ahorros que pueden resultar muy perjudiciales. Seamos conscientes de que hay inversiones a las que siempre es necesario hacer frente. Con otras palabras, seamos conscientes de que una buena inversión en publicidad resulta siempre rentable.

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