martes, 30 de junio de 2009

OPTIMIZANDO LA CRISIS

El optimismo es una de las normas de comportamiento mas básicas y elementales para la buena marcha de un negocio. Por algo lo define el diccionario diciendo que se trata de una “inclinación a ver y juzgar las cosas desde su aspecto más favorable.” Lógicamente, cuando afirmo esto, me estoy refiriendo a un optimismo realista; nunca a un optimismo mágico o ilusorio, alienante o utópico. ¿Por qué? Pues sencilla y llanamente, porque la realidad es la que es y no la vamos a cambiar de hoy para mañana sólo con nuestra imaginación o nuestros buenos deseos.

Este optimismo realista nos lleva a tener que admitir que nuestro sector ya superó otras crisis anteriores y aquí estamos. Esta va a ser dura y larga. Pero para muchos va a constituir un reto. Por eso, superarla y vencerla constituye un objetivo fundamental y básico.

Nuestra tarea ineludible es ver el problema y analizarlo, sacar conclusiones y buscar las soluciones apropiadas. Lo que no podemos es sentarnos a esperar que pase la tormenta. Hay que proteger el sembrado de los rayos y el granizo y salir rápidamente a recoger la cosecha.

Para ello urge una rápida especialización, una rápida actualización del modelo de negocio, una búsqueda de compañeros de viaje que jueguen en nuestro equipo y tiren de la cuerda en la misma dirección. Hoy no vale picotear de flor en flor. Juntémonos con proveedores serios, formales, fieles, coherentes, con proyectos de futuro y con la solvencia económica que el mercado requiere. No escuchemos cantos de sirena que nos traerán pan para hoy y hambre para mañana. El mercado sigue existiendo: está ahí y es cada vez más grande; pero es también más exigente; y s también distinto, con otros gustos y con otras capacidades económicas. Salgamos pues a darle lo que sean capaces de digerir. No queramos estirar más la manga que el brazo.

Por eso es tan importante saber buscar el producto adecuado, la marca y el proveedor que nos ayude a rediseñar el futuro de nuestro negocio. Tal vez tengamos que redimensionarnos. Pero cualquier intento de movimiento puede ser muy válido si lo hacemos en la dirección adecuada.

Nadie mejor que nosotros conoce al cliente. Nadie mejor que nosotros es capaz de analizarlo y sacar conclusiones. Los teóricos masters de universidades, sin el conocimiento de la calle, son los grandes fracasados en épocas de crisis.

Si trabajamos con pocos pero adecuados proveedores, podremos negociar en mejores circunstancias. Hoy acumular piezas de numerosos proveedores no creo que sea una buena solución. Hay premisas que son claves.

- Elección de unas buenas marcas

- Elección de modelos con diseño acertado para nuestro consumidor

- Y precio ajustado al bolsillo de nuestro cliente
Si acertamos en esta elección y tenemos el proveedor de toda la vida o el nuevo serio y que entienda y comparta el problema, saldremos sin duda todos airosos de esta situación.

Aquí no es suficiente decir: “no te puedo pagar y ya está”. La actitud tiene que ser mucho más positiva y, consiguientemente, mucho más optimista. ¿No será mejor decirle: “ven a verme y analicemos juntos la situación y la marcha de este mi negocio que es también el tuyo”? Estoy seguro de que, de ese diálogo y de ese análisis compartido, saldrá la solución adecuada.

Acumular proveedores a los que no vamos a atender en los pagos es multiplicar problemas añadidos a los que ya trae el negocio de por si. Se requiere diálogo de tu a tu. Tú tienes las marcas, los modelos y los precios ajustados. Yo tengo el local adecuado, bien situado, bien decorado, y los clientes. Entonces, ¿por qué no caminamos juntos? ¿Por qué no tratamos de avanzar cogidos de la mano?

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