Se suele afirmar que un buen conocimiento del terreno que uno pisa, es la base para poder avanzar. Por eso, si queremos avanzar, si queremos que nuestra empresa crezca, si queremos medrar y prosperar, debemos comenzar por conocer bien el terreno que pisamos. De ahí que nos resulte tan necesario conocer cual es la esencia de nuestro negocio, cuales son los objetivos que pretendemos y cuales son las necesidades que tiene en cada momento. Sin esos conocimientos, nuestra barca navegará a la deriva con el consiguiente peligro inmediato de encallar o hundirse estrepitosamente.
No podemos permitir que el negocio nos controle a nosotros. No podemos dejarnos manejar por sus altibajos. No podemos resignarnos a que navegue libremente y a su antojo. Al contrario, somos nosotros los que debemos manejar el timón. Somos nosotros los que debemos llevar siempre la iniciativa. Y, cuando las tempestuosas olas comerciales intenten vencernos, debemos permanecer firmes y seguros, procurando con todas nuestras fuerzas hacer frente a esa vorágine que amenaza con llevarnos a dónde no queremos.
Esta y no otra es la razón por la que el control de nuestra empresa o establecimiento ha de ser algo esencial y fundamental, algo vivo y revitalizante. Y, aunque a veces el viento resulte cambiante, si nosotros somos conscientes de esa realidad y estamos suficientemente equipados, siempre podremos hacerle frente. Por eso resulta tan imprescindible estar vigilantes y provistos de los medios o herramientas apropiadas.
Luego, es importante trabajar en equipo. En los gremios los francotiradores, los que pretenden hacer su lucha en solitario, suelen ser carne de cañón y con frecuencia acostumbran a fracasar rotundamente. Todos y cada uno somos eslabones de una misma cadena comercial. Por eso todos somos necesarios. Y por eso mismo hay que contar con todos, cada uno en su especialidad,
En último término, el objetivo es tratar de satisfacer al cliente final. Es la única forma de poder vender con garantía. Y, lógicamente, es también la única forma de poder producir con garantía. Sin esa satisfacción del cliente final, nuestra labor, por muy primorosa que sea, no alcanzará el objetivo propuesto y estará condenada a anquilosarse y fenecer.
Y, para satisfacer al cliente final, máxime en épocas de crisis como la que estamos padeciendo, no nos queda otro remedio que situarnos como eslabones de esa cadena y buscar juntos los remedios apropiados. Hay que saber escuchar las propuestas y necesidades del cliente y con el proveedor, tratar de dar la solución justa y adecuada.
Se dice que para encontrar respuestas, para poder dar soluciones, hay que estar en el momento justo y en el lugar adecuado. Y, cuando la necesidad apremia, es nuestra propia inteligencia la que tiene que trabajar a marchas forzadas para poder y saber situarse en ese momento preciso y en ese lugar concreto. Solo así podremos encararnos con la tempestad con garantías de éxito.
Y, aunque dicen que cada maestrillo tiene su librillo, nuestra experiencia gremial, nuestro conocimiento del sector y esa bien conocida aureola de saber hacer, han de servir -tienen que servir- para la búsqueda de soluciones a los problemas del día a día. Si así lo hacemos, con convencimiento y tesón, estoy seguro de que lograremos vencer el azote de la crisis y que saldremos a flote, con la espera esperanzada de que siempre “después de la tempestad, viene la calma”.
No podemos permitir que el negocio nos controle a nosotros. No podemos dejarnos manejar por sus altibajos. No podemos resignarnos a que navegue libremente y a su antojo. Al contrario, somos nosotros los que debemos manejar el timón. Somos nosotros los que debemos llevar siempre la iniciativa. Y, cuando las tempestuosas olas comerciales intenten vencernos, debemos permanecer firmes y seguros, procurando con todas nuestras fuerzas hacer frente a esa vorágine que amenaza con llevarnos a dónde no queremos.
Esta y no otra es la razón por la que el control de nuestra empresa o establecimiento ha de ser algo esencial y fundamental, algo vivo y revitalizante. Y, aunque a veces el viento resulte cambiante, si nosotros somos conscientes de esa realidad y estamos suficientemente equipados, siempre podremos hacerle frente. Por eso resulta tan imprescindible estar vigilantes y provistos de los medios o herramientas apropiadas.
Luego, es importante trabajar en equipo. En los gremios los francotiradores, los que pretenden hacer su lucha en solitario, suelen ser carne de cañón y con frecuencia acostumbran a fracasar rotundamente. Todos y cada uno somos eslabones de una misma cadena comercial. Por eso todos somos necesarios. Y por eso mismo hay que contar con todos, cada uno en su especialidad,
En último término, el objetivo es tratar de satisfacer al cliente final. Es la única forma de poder vender con garantía. Y, lógicamente, es también la única forma de poder producir con garantía. Sin esa satisfacción del cliente final, nuestra labor, por muy primorosa que sea, no alcanzará el objetivo propuesto y estará condenada a anquilosarse y fenecer.
Y, para satisfacer al cliente final, máxime en épocas de crisis como la que estamos padeciendo, no nos queda otro remedio que situarnos como eslabones de esa cadena y buscar juntos los remedios apropiados. Hay que saber escuchar las propuestas y necesidades del cliente y con el proveedor, tratar de dar la solución justa y adecuada.
Se dice que para encontrar respuestas, para poder dar soluciones, hay que estar en el momento justo y en el lugar adecuado. Y, cuando la necesidad apremia, es nuestra propia inteligencia la que tiene que trabajar a marchas forzadas para poder y saber situarse en ese momento preciso y en ese lugar concreto. Solo así podremos encararnos con la tempestad con garantías de éxito.
Y, aunque dicen que cada maestrillo tiene su librillo, nuestra experiencia gremial, nuestro conocimiento del sector y esa bien conocida aureola de saber hacer, han de servir -tienen que servir- para la búsqueda de soluciones a los problemas del día a día. Si así lo hacemos, con convencimiento y tesón, estoy seguro de que lograremos vencer el azote de la crisis y que saldremos a flote, con la espera esperanzada de que siempre “después de la tempestad, viene la calma”.

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