miércoles, 19 de mayo de 2010

El día después

En los años del boom económico español -de 1996 a 2008- vivimos como nuevos ricos. Y para entender donde estamos, hagamos un somero repaso de lo que ha acontecido en nuestro más próximo pasado.

La inundación de dinero barato, la codicia de las instituciones financieras con sus ingenierías a gogó, la lucha por el poder -y por las bolsas de basura cargadas de billetes- de nuestra clase política, las abrumadoras construcciones inmobiliarias, las grandiosas infraestructuras viarias, la construcción del tren de alta velocidad por toda la geografía, la ley de dependencia y otras mejoras sociales sin la debida financiación, el nacimiento de nuevas líneas aéreas, de nuevos y lujosos hoteles a mogollón, universidades por doquier, costosísimos hospitales, terminales de aeropuerto descomunales y carísimas, nuevos metros urbanos, rascacielos impresionantes, onerosas subvenciones en energías renovables, el corredor de tren de mercancías (¿de montaña?) Algeciras-Madrid-Zaragoza alejado de los puertos mediterráneos, y para terminar, una importación masiva "urbi et orbe" de mano de obra barata, que nos ha hecho aumentar rápidamente la población.

Todo iba a las mil maravillas -como en la fábula de la cigarra y la hormiga-, "superando" a Italia, casi tocando a Francia y acercándonos a Alemania... Mientras que en la realidad nuestra productividad iba bajando y bajando.

Después vinieron las improvisaciones, los parches y los remiendos, el de los 400 euros, el de los 2.500 euros por nacimiento, el del Plan E para unos ayuntamientos descapitalizados, el de la remodelación de la Diagonal de Barcelona, etc. Todo ello para maquillar un poco la situación que se iba deteriorando de forma manifiesta, pero sin solucionar el problema.

Ahora nos toca vivir una década de mucho esfuerzo y sacrificios, ya que no podremos echar mano de las milagrosas devaluaciones del pasado. Ahora no hay peseta que valga, está un euro que no nos pertenece en exclusiva y no podemos tocar.

Hemos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades, y no nos queda más remedio que pagarlo. No tenemos otra opción.

Ahora no nos cabe más que sentar cabeza, aceptar la situación y trabajar duro para salir de este lío, esperando que hayamos aprendido la lección, y que en el futuro nuestro país se convierta en uno de los más responsables, serios y atractivos de la Comunidad Europea, a la que tanto le debemos, y de esta forma podremos reciprocar en la forma más positiva para todos.

Salir de este atolladero será duro pero, con el esfuerzo de todos, estoy convencido que lo lograremos.

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