Lo explica Rodolfo Serván, de la Correduría de Seguros Rodolfo Serván, en una entrevista publicada en este número de Contraste, y lo corroboran un informe del Col.legi de Catalunya y las características cinematográficas del último asalto sufrido por Damiani en Milán: la delincuencia está cambiando su modus operandi.
Los ataques que ahora se producen contra el sector delatan una organización cada vez más profesionalizada. El caso Damiani no deja de ser relevante en este sentido y digno de un guión de película. Intrusos enmascarados acceden un domingo por la mañana a la joyería, mediante un tunel excavado desde un edificio contiguo.
Los autores sabían que se preparaba una recepción para clientes vip y habían planificado paso a paso la operación, de la que salieron exitosos dejando poquísimos rastros.
Los últimos casos vividos en nuestro país, como el ocurrido en la madrileña calle Princesa, constituyen un evidente varapalo económico para el sector.
Y las estadísticas lo confirman. En todo el país, el número de delitos parece haber disminuido el pasado año respecto a 2006, pero se han disparado las cuantías consecuentes. Menos golpes, pero más certeros y sustanciosos.
Esa parece ser la consigna que mueve a las bandas organizadas. Desde Catalunya también se alerta sobre otro fenómeno, la disminución de los ataques a establecimientos en favor del aumento del robo a los representantes y durante el transporte. En este caso, o se aprovecha la mayor vulnerabilidad de la joya en la calle o bien, como explicaba el presidente del Col.legi, Damià Matamala, “es efecto de los flujos migratorios delictivos” que nos acercan, desgraciadamente, otras formas de actuar para las que estábamos totalmente desprevenidos. Pero lo cierto es que el joyero sigue arriesgando cada día vida y patrimonio en el ejercicio
de su profesión y continúa siendo necesaria una respuesta ante ello.

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