Gremio de Joyeros de Madrid ha estado trabajando con una consultoría en la búsqueda de cauces comunicativos que ayuden al sector a dinamizar su negocio. Algunas de las conclusiones de la primera parte del interesante estudio se publican, por primera vez, en este número de Contraste.
En este espacio editorial queremos hacer hincapié en una de ellas, que atañe especialmente a lo que busca el consumidor, que es en definitiva quien marca las pautas que cualquier sector ha de afrontar a la hora de hacerse competitivo. ¿Y qué ve mal el cliente? Pues que las joyerías son como castillos en los que se atrinchera el profesional. Los recelos que justificadamente tiene el profesional frente a la delincuencia pasan factura sobre el consumo. Al común ciudadano de hoy le gusta pasear por las tiendas y mirar sin que nadie le agobie, que le muestren las cosas sin compromiso.
Resulta difícil compaginar las medidas de seguridad y políticas de trato tradicional con los deseos del consumidor, si el sector no madura una estrategia consecuente. Y ella pasa por abrir la joyería a la moda y el diseño sin limitar su oferta a un segmento determinado de precios. Y más ahora que la alta cotización del oro está obligando a la contención, tanto en la oferta como en la demanda. La relojería ha sabido trabajar en ese filón que demanda especialmente la juventud,
en el que la marca, el diseño y la asequibilidad son factores de reclamo esenciales. Un ejemplo de ello está en la cadena de tiendas Watx, concebidas como espacios abiertos en los que el cliente puede ver infinidad de modelos y sólo, cuando necesite definirse, consultar.
Los consumidores también quieren normalizar el uso de la joya como complemento del día a día. Una joya en la que su valor se encierre, más que en el material con el que está realizada, en las sensaciones que transmita. Una joya que sencillamente reluzca para satisfacer nuestros sentidos.

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