Lo leí el otro día. Me llamó la atención. Y ahora quiero comentarlo con vosotros por si os sirve de utilidad. Se trata simplemente de una frase. Pero pienso que encierra una fuerte dosis de verdad. La frase decía sencillamente: "La biología humana impone que para liderar prevalezcan determinadas condiciones: la astucia, la persuasión y la audacia".
Si nos detenemos a examinarla, caeremos en la cuenta de que, efectivamente, se trata de tres cualidades esenciales. Y, aunque a primera vista puedan parecer muy divergentes, resultan totalmente necesarias para una praxis efectiva. Vienen a ser como tres raíces profundas, tres bases firmes, sobre las que debemos fundamentar todo el entramado de nuestro edificio empresarial.
¿Qué significa la astucia? El diccionario dice que una persona astuta es aquella "que tiene habilidad e ingenio para conseguir cualquier propósito". No se trata aquí de una no está reñida con la ética ni se opone a la deontología profesional.
Pero la astucia sola no basta. Necesita ir acompañada de otras cualidades. La habilidad y el ingenio para conseguir determinados objetivos no pueden prescindir de la persuasión.
Esa "capacidad de convencer o inducir con razones a una persona a que crea o haga una cosa" constituye igualmente una base firme y segura para la eficacia operativa.
Cuando una persona está segura o convencida de una cosa, su operatividad aumenta de forma extraordinaria, y produce en su entorno una irradiación fuertemente contagiosa. La facultad de persuadir o convencer constituye un elemento imprescindible para la eficacia en la acción, catapultando a las personas hacia la consecución de los objetivos propuestos.
Evidentemente, la astucia y la persuasión no anulan las dificultades ni eliminan los riesgos en su totalidad.
Los riesgos son algo que está ahí. Son algo con lo que siempre hay que contar. Pero no para asustarnos, sino para afrontarlos con audacia. No en vano la audacia se define como una "actitud osada y atrevida". Una actitud que es signo de valentía, pero que nos obliga a actuar siempre con realismo. No se trata de construir castillos de naipes sino de afrontar el futuro sin miedos ni temores, dispuestos a poner todos los medios a nuestro alcance.
Astucia, persuasión y audacia son, pues, tres actitudes biológicas fundamentales que debemos potenciar al máximo. La ingenuidad o la simpleza, la duda o la indecisión, la timidez o la cobardía son los grandes enemigos del éxito. Si dejamos que se adueñen de nuestra vida, estaremos condenando nuestra operatividad al más estrepitoso de los fracasos. No nos queda, pues, otro camino: seamos astutos, seamos persuasivos y seamos audaces. Si así lo hacemos, nos convertiremos en triunfadores.

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