martes, 9 de marzo de 2010

Construir o plantar

Ya estamos en 2010… ¿Y ahora qué?, se pregunta nuestro sector. ¿Es el final de la crisis o es el comienzo del cambio? Para los que dependen de bancos, que se preparen, porque es el final del dinero barato. Hay que hacer de la necesidad virtud. No es bueno mirar para atrás, a no ser para ver lo que hemos hecho en estos últimos 40 años. ¿Alguien preveía este avance tan espectacular?

Hay que empezar a ver la luz en el horizonte, hay que saber que si hemos sembrado, pronto recogeremos el fruto. Este año puede ser el del cultivo de la cosecha para en el próximo recoger. Son años de vacas flacas, pero todo el mundo está en movimiento. Todos en 2009 metimos la tijera en el apartado de gastos; este año hay que pasar y buscar otra partida en la empresa. La política de vender duros a tres pesetas no se puede seguir; aunque hagas caja, luego pagas las consecuencias. Hay que olvidarse de jugar el dinero de los demás o de los bancos y empezar a arriesgar con lo que nos sobra, con los propios recursos.

Y en este contexto, ¿cómo reinventar el sector joyero? ¿Dónde están las fronteras?

Para respondernos a esta pregunta me permito recurrir a Paulo Coelho y una de sus siempre interesantes frases para la reflexión: “Cada persona, en su existencia, puede tener dos actitudes: construir o plantar. Los constructores un día terminan aquello que estaban haciendo y entonces les invade el tedio. Los que plantan a veces sufren con las tempestades y las estaciones, pero el jardín jamás para de crecer”.

La evolución de los gustos, las preferencias de uso, el reparto en el ocio crea nuevas oportunidades de negocio (léanse cosechas). Todo va a ser nuevo después de esta crisis. Nuevas maneras de mirar, de ver, de vestir, de viajar, de comprar, de vender, de valorar la satisfacción del cliente… Futbolísticamente hablando este año va a ser el de la clasificación, el de la selección y preparación para esa gran final que se avecina.

El sector joyero no puede, ni debe quedarse fuera de juego. Ni tampoco dejarse invadir por el tedio de su ya -hace mucho tiempo- construida realidad. En el jardín del mercado aparecen semillas nuevas e interesantes, de las que poco sabremos resultados si no las hacemos un hueco en nuestra tierra. ¿Recuerdan lo exótico que nos parecían los primeros kiwis traídos de Nueva Zelanda hasta que nuestro lluvioso y frío Norte nos brindó la oportunidad, casi inaudita, de ver madurar un fruto en su entorno con éxito?

Estudiemos nuestro alrededor, el alrededor que se brinda más dinámico, y hagamos oídos sordos a la experiencia desencantada. Seguramente les suenan frases del tipo “Esto, en el mercado español, no funcionaría”,”¡Qué barbaridad, pura quincalla, a donde vamos a parar!, ¡Eso lo hace cualquiera! ... Esas, quizás, son las más dañinas para nuestro futuro.

Dicen que entre más sabio eres, más te das cuenta de tu ignorancia. Abramos los ojos a la realidad cotidiana, a lo que provoca la sonrisa de un niño o la mirada hechizada de una mujer. En el fondo, no somos tan imprevisibles. Bastará un poco de empatía con nuestro entorno, con nuestro jardín, para criar los mejores frutos, los que más agraden y satisfagan a nuestros clientes.

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