lunes, 7 de julio de 2008

EL LUJO ¿ES UN LUJO?

Hasta hace muy poco tiempo, era bastante común asociar lujo a caro, en consonancia con el significado literal de la palabra cuando se refiere a “demasía”. La experiencia diaria nos está llevando a cambios radicales en nuestras costumbres y usos; lógicamente también en nuestra percepción de este campo reservado a lo exclusivo, de esa parcela en la que florece el innato deseo de exclusividad que suele emerger con fuerza de nuestro interior

Son ya muchos los que opinan hoy que el lujo no reside en lo “caro”, sino en la marca, que es de lo que desgraciadamente, salvo meritorias excepciones, carece el sector de la joyería. Porque si es verdad que en nuestro sector las piezas caras son consideradas alta joyería, no por ello, de forma indisociable, forman parte del lujo. No es que el lujo y lo “caro” se contrapongan, ni mucho menos. Se trata de que no siempre lo mas “caro” resulta lo mas lujoso. Y nuestro sector lo debería saber bien.

Cuando uno va por la calle o a una fiesta, ya sabemos que no lleva colgada la marca de la joya. Pero sí lleva patente y visible el diseño y la línea de quien la ha promovido. Y eso es lo que le da o le otorga distinción. De ahí que el vestido o la joya, aunque no lleven visible ni la marca ni el precio, otorgan a quienes las lucen, un porte singular y específico, inconfundible y genuino.

Actualmente existen ejemplos concretos de que ese aire o personalidad inconfundible es posible de transmitirse a la joyería. Hablamos de marcas afianzadas en el mundo de la moda que extienden su línea de negocios también al terreno joyero. En sus propuestas el hecho diferencial no se halla en el valor de la materia prima utilizada, ni siquiera en la exhaustiva calidad de su hechura, sino rotundamente en el diseño firmado. Son joyas que se identifican y quieren identificarse cada vez más. Y son joyas que ayudan a identificar, a diferenciar, a personalizar.

Evidentemente estamos en una encrucijada que merece una profunda reflexión. ¿El joyero vip puede continuar sobreviviendo con piezas cargadas de quilates o debe cambiar a esta tendencia que se ha afianzado ya en otros sectores? El debate está planteado. Y hay respuestas para todos los gustos. Aquí no se trata de buscar soluciones genéricas o polivalentes. Se trata de que cada uno tiene que buscar la solución u considere más apropiada, la que potencie su personalidad empresarial, la que sea capaz de aportar una mayor dosis de beneficio económico.

El problema, el gran problema es que no nos queda mucho tiempo para aplicar las conclusiones a las que lleguemos. Una vez más, hay que proclamar a gritos que el tiempo apremia.

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