miércoles, 4 de marzo de 2009

COMUNICACIÓN ES POTENCIACION

A más de un lector le puede llamar la atención el título de este artículo. No en vano estamos ante unas expresiones verbales que pueden dar lugar a distintas interpretaciones haciendo que su sentido genuino se diluya por nuestras cansadas arterias intelectuales, irritadas por el devenir existencial de la crisis que estamos padeciendo.

En épocas de crisis, lo primero que solemos hacer es prescindir de aquellos gastos o aquellas inversiones sin las cuales creemos que podemos seguir tirando. Y lo hacemos así convencidos de que lo que se nos antoja superfluo, no es necesario para vivir. Y, claro, así de esta forma tan sencilla pero tan imprudente, estamos privando a nuestros artículos, a nuestros productos, de uno de los vehículos más necesarios para que puedan tener vitalidad mercantil y garra comercial.

Voy a tratar de explicarme. Los productos que consideramos necesarios para vivir –pan, agua, leche, carne, pescado, verduras, legumbres, etc.- como son productos de primera necesidad, en teoría no necesitan ser publicitados. A lo sumo de publicitan en aras a una determinada calidad. Pero todo ser humano los considera necesarios. Y, por consiguiente, hará todo lo posible por adquirirlos, teniendo siempre en cuenta no sobrepasar su capacidad económica para no endeudarse demasiado.

Sin embargo, hay otros productos, que solemos decir que pertenecen a eso que acostumbramos a llamar lujo, que no resultan de primera necesidad y, por consiguiente nos es más fácil renunciar a ellos o posponer su adquisición a la espera de que vengan tiempos mejores.

Los productos que oferta nuestro gremio –el gremio joyero-relojero y afines- suelen ser considerados así, productos de lujo, de los que se puede prescindir fácilmente sin que ello reporte menoscabo a nuestra manera de ser y estar en el mundo. De ahí que en épocas de crisis económicas como la que estamos padeciendo, todos sintamos la propensión de prescindir de ellos.

¿Qué tenemos que hacer para que nuestro gremio no sufra en sus carnes esa práctica tan habitual en el consumidor final? Evidentemente yo no tengo la panacea que ponga remedio definido a esta epidemia. Pero sí quiero ofrecer algunas sugerencias, algunas reflexiones en voz alta.

En primer lugar, tendremos que hacer una campaña a nivel nacional o gremial orientada a convencer al consumidor final de que el lujo, la elegancia, el porte, la belleza, el saber estar e incluso el glamour no son algo de lo que se pueda prescindir sin más. Al contrario, son aspectos imprescindibles que es necesario tener en cuenta a la hora de movernos en sociedad y que potencian nuestra innata valía, haciéndola aflorar al exterior.

Pero además, es necesario desterrar esa práctica insana de prescindir de la publicidad. El prescindir sin más de la publicidad puede ser un pequeño mendrugo de pan para hoy en nuestra empresa pero será con toda seguridad hambre, mucha hambre, para mañana. Nuestras empresas necesitan publicitarse, dar a conocer sus productos. Necesitamos potenciar la valía de lo que ofertamos. Necesitamos comunicar y mostrar la mercancía que traemos entre manos, la que sale de nuestros talleres, la que puede encandilar al posible comprador.

¿Y eso cómo se consigue eso? Desde luego, renunciando a la publicidad, no. Porque, si renunciamos a utilizar los causes apropiados para esa comunicación, estamos renunciando al principal canal por el que nuestros productos pueden llegar a ser conocidos y deseados. Si renunciamos a la comunicación a través de los medios específicos y apropiados, lo que estamos haciendo es romper el hilo que une la producción, la venta y la compra. Y, si ese hilo o ese canal están rotos, no cabe duda de que nuestras mercancías quedarán ahí almacenadas, tristes y obsoletas, a la espera de esa mano mágica que nunca llega.

Por eso no me cansaré de repetir y reiterar que prescindir alegremente de la publicidad de nuestros productos, no deja de ser una falacia engañosa. Puede que al principio y a primera vista tengamos la sensación de que estamos ahorrando, de que estamos eliminando un gasto innecesario. Pero a la larga –y también a la corta- esta práctica engañosa e insana nos llevará a esa terrible situación en la que nuestras mercancías, por muy buenas que sean, no lleguen a donde tienen que llegar.

Es mas, yo me arriesgo a decir sin ningún temor a equivocarme que la inversión en publicidad, cuando se hace bien y se cuenta con los medios apropiados, resulta siempre altamente positiva y económicamente muy rentable. ¿Razón? Nadie compra lo que no conoce. Por eso, alguien –y con mucho sentido común- acuñó la siguiente frase: “El valor de las empresas crece con la comunicación”.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pedro: En días pasados nos recomendaste la lectura de algunos libros concretos. Hoy me atrevo a ser yo el "recomendador". Y lo hago no por enmendarte la plana sino porque lo considero interesante. Bueno, eso es un decir porque todavía no lo he leido. Solamente he mirado los titulares pero parece que prometen.
Y puede que a mas de uno nos vaya bien su lectura.
El libro se titula "La estupidez de los listos. Errores en la toma de decisiones y cómo evitarlos". Como no lo tengo aquí ahora a mano, no puedo afirmarlo, pero creo que está editado por Ediciones Gestión y que su precio ronda los 20 euros.
Parece que se trata de un libro ameno que nos adentra en los esquemas de patrones mentales de hombres y mujeres, aparentemente exitosos y que poseían las claves para ser geniales, epro que cometieron estupideces sin sentido. Con este análisis, la obra parece que pretende aportar diversas claves para cometer los mínimos errores.
Me gustaría que, si alguien lo ha leido, nos de su opinión