Sí, un reloj para papá, para festejar su día, para festejar el próximo "Día del Padre". ¿Que ya tiene varios? Otro reloj más no importa. Al contrario, siempre es bien recibido. Porque la vida es así. Porque las circunstancias mandan. Porque no se puede ir a remolque de los tiempos. Y, queramos o no, los tiempos han cambiando.
Hoy el reloj es sinónimo de moda, pieza complementaria en el vestir del hombre y de la mujer, aditamento indispensable para saber ser, para saber estar, para saber actuar en el escenario de la vida moderna.
No hace muchos años se decía aquello de que “un reloj es para toda la vida”. Pero hoy las cosas son de otra manera. De “un reloj para toda la vida”, hemos pasado a “un reloj para cada ocasión”.
Porque hoy un reloj no es solamente un artilugio para señalar la hora. Un reloj es una expresión del tiempo, pero también del tiempo histórico, de una época histórica, de unas vivencias históricas, de unas circunstancias concretas. Por eso, hoy no se compra un reloj igual que hace treinta o cuarenta años.
La característica prioritaria, a la hora de adquirir un reloj, ya no es que dure mucho y que funcione bien. Hoy los gustos del público se decantan por otros derroteros. Dando por supuesto un correcto funcionamiento, se valoran otras peculiaridades, no menos importantes ni menos esenciales. Enumerarlas todas nos llevaría demasiado lejos. El diseño como manifestación estética, la elección de materiales –nobles o fungibles-, la mayor o menor precisión tecnológica, la perfección en las formas o en el acabado, la versatilidad y la multifuncionalidad..., son solamente algunos de los aspectos a tener en cuenta a la hora de la elección de un reloj.
En el mercado actual encontramos una enorme variedad de marcas y de modelos siempre in crescendo, una gran diversidad de materiales y una variopinta gama de diseños que van desde los más clásicos a los más arriesgados y llamativos. Junto a marcas legendarias, acreditadas por la historia y la tradición, surgen cada día nuevos y originales formatos. Junto a los modelos más clásicos, proliferan los diseños más vanguardistas. Junto a la casi elemental simplicidad originaria, abundan cada vez más los modelos versátiles y multifuncionales.
Los grandes técnicos de la relojería no escatiman esfuerzos para incorporar las nuevas tecnologías a este campo. Y cada día están sacando al mercado relojero, nuevas y novedosas creaciones que son auténticas tentaciones para el que pretenda andar al día, sin perder el tren de la moda.
Hay una realidad que llama poderosamente la atención a cualquier observador. En el momento presente la estética y lo artesanal han unido sus afanes, dando como resultado auténticas preciosidades. Pero las cosas van todavía más allá. No se trata solamente de buscar la estética. Hoy las piezas artesanales, esas obras que podemos llamar de arte y que solo los grandes maestros relojeros saben hacer, son cada día más apreciadas y más valoradas por un público cada vez más inteligente y más exigente.
Es verdad que el reloj se ha convertido en un accesorio de la moda. Pero no podemos ni debemos quedarnos ahí. Es necesario atender igualmente a otros aspectos no menos valorables. Un reloj puede ser, efectivamente, un producto de diseño. Puede ser un juguete para adultos y no tan adultos. Puede ser un complemento en la elegancia del vestir. Pero puede ser también una inversión rentable: una joya que marca la hora y una auténtica obra de arte. No olvidemos que las buenas inversiones son aquellas que se revalorizan con el paso del tiempo y que, por consiguiente, nunca pasan de moda.
En el variopinto mercado actual hay relojes para todos los gustos, para todas las exigencias y para todos los precios. Las posibilidades de elección son tan amplias que, a veces, nos resulta difícil saber concretar nuestra elección, saber adoptar una decisión concreta sin que nos quede el amargo regusto de no haber adoptado otra distinta.
En nuestro mundo post-moderno el reloj ya no es solamente una máquina para medir con precisión el tiempo. Es eso y mucho más. Es objeto de moda. Es expresión de gusto y de actualidad. Es también signo de categoría social. Pero es, ante todo y sobre todo, un complemento indispensable en el diario vivir.
Por eso, un reloj – otro reloj para papa- nunca está de más. Y, además, papá se lo merece.
Hoy el reloj es sinónimo de moda, pieza complementaria en el vestir del hombre y de la mujer, aditamento indispensable para saber ser, para saber estar, para saber actuar en el escenario de la vida moderna.
No hace muchos años se decía aquello de que “un reloj es para toda la vida”. Pero hoy las cosas son de otra manera. De “un reloj para toda la vida”, hemos pasado a “un reloj para cada ocasión”.
Porque hoy un reloj no es solamente un artilugio para señalar la hora. Un reloj es una expresión del tiempo, pero también del tiempo histórico, de una época histórica, de unas vivencias históricas, de unas circunstancias concretas. Por eso, hoy no se compra un reloj igual que hace treinta o cuarenta años.
La característica prioritaria, a la hora de adquirir un reloj, ya no es que dure mucho y que funcione bien. Hoy los gustos del público se decantan por otros derroteros. Dando por supuesto un correcto funcionamiento, se valoran otras peculiaridades, no menos importantes ni menos esenciales. Enumerarlas todas nos llevaría demasiado lejos. El diseño como manifestación estética, la elección de materiales –nobles o fungibles-, la mayor o menor precisión tecnológica, la perfección en las formas o en el acabado, la versatilidad y la multifuncionalidad..., son solamente algunos de los aspectos a tener en cuenta a la hora de la elección de un reloj.
En el mercado actual encontramos una enorme variedad de marcas y de modelos siempre in crescendo, una gran diversidad de materiales y una variopinta gama de diseños que van desde los más clásicos a los más arriesgados y llamativos. Junto a marcas legendarias, acreditadas por la historia y la tradición, surgen cada día nuevos y originales formatos. Junto a los modelos más clásicos, proliferan los diseños más vanguardistas. Junto a la casi elemental simplicidad originaria, abundan cada vez más los modelos versátiles y multifuncionales.
Los grandes técnicos de la relojería no escatiman esfuerzos para incorporar las nuevas tecnologías a este campo. Y cada día están sacando al mercado relojero, nuevas y novedosas creaciones que son auténticas tentaciones para el que pretenda andar al día, sin perder el tren de la moda.
Hay una realidad que llama poderosamente la atención a cualquier observador. En el momento presente la estética y lo artesanal han unido sus afanes, dando como resultado auténticas preciosidades. Pero las cosas van todavía más allá. No se trata solamente de buscar la estética. Hoy las piezas artesanales, esas obras que podemos llamar de arte y que solo los grandes maestros relojeros saben hacer, son cada día más apreciadas y más valoradas por un público cada vez más inteligente y más exigente.
Es verdad que el reloj se ha convertido en un accesorio de la moda. Pero no podemos ni debemos quedarnos ahí. Es necesario atender igualmente a otros aspectos no menos valorables. Un reloj puede ser, efectivamente, un producto de diseño. Puede ser un juguete para adultos y no tan adultos. Puede ser un complemento en la elegancia del vestir. Pero puede ser también una inversión rentable: una joya que marca la hora y una auténtica obra de arte. No olvidemos que las buenas inversiones son aquellas que se revalorizan con el paso del tiempo y que, por consiguiente, nunca pasan de moda.
En el variopinto mercado actual hay relojes para todos los gustos, para todas las exigencias y para todos los precios. Las posibilidades de elección son tan amplias que, a veces, nos resulta difícil saber concretar nuestra elección, saber adoptar una decisión concreta sin que nos quede el amargo regusto de no haber adoptado otra distinta.
En nuestro mundo post-moderno el reloj ya no es solamente una máquina para medir con precisión el tiempo. Es eso y mucho más. Es objeto de moda. Es expresión de gusto y de actualidad. Es también signo de categoría social. Pero es, ante todo y sobre todo, un complemento indispensable en el diario vivir.
Por eso, un reloj – otro reloj para papa- nunca está de más. Y, además, papá se lo merece.

1 comentario:
Pedro, muy atinado este comentario que haces. Creo que los relojeros te lo tenemos que agradecer. Como siempre, estás atento a todos los eventos. Gracias de este buen amigo
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