Pienso que todos en nuestro gremio somos conscientes de que estamos sufriendo una crisis galopante. Una crisis que, aunque nuestros dirigentes políticos nos quieran hacer ver lo contrario, parece que todavía no ha hecho más que comenzar. Los vientos negativos nos están augurando su dramático crecimiento sin que por el momento, ni nosotros, gente de a pie, ni los sesudos analistas que pretender anestesiarnos a diario, seamos capaces de vislumbrar un final positivo a corto plazo.
Cómo esta afectando esta crisis a nuestro gremio joyero-relojero, es algo que todavía nadie se ha atrevido a estudiar en profundidad. Pero a simple vista de lo que acontece, se puede afirmar que se están observando determinados comportamientos comerciales yo diría que suicidas. En ellos, además de predominar una acentuada actitud individualista, que nos lleva a cada uno a buscar la solución que creemos más apropiada, se están adoptando métodos comerciales muy inseguros. No se si es que no nos damos cuenta o que no queremos darnos cuenta. Pero la realidad que nos circunda y la memoria histórica que llevamos a cuestas nos están diciendo que muchas veces la solución adoptada nos puede conducir, no a solucionar el problema de raíz, sino a posponerlo e incluso a aumentarlo.
Igual que algunos están recurriendo a la utilización de las pesetas que tenían ahorradas, escondidas y almacenadas, hay detallistas que están viviendo a costa del patrimonio en mercancía adquirido a lo largo de su historia. Era una práctica habitual. Muchos de los que ya llevan años en el sector minorista, han ido adquiriendo género en oro y otros valores al precio del momento. Género que, si lo calculan al valor del día de hoy, en varios casos se convertiría realmente en verdaderos patrimonios nada despreciables.
No me cabe la menor duda de que ese patrimonio almacenado ha sido fruto de un buen hacer o de una buena vista comercial. En definitiva, ha sido fruto de su trabajo y de un trabajo bien hecho. Aunque algunos, en ese terreno opinen que en esos tiempos más boyantes se ha estado jugando con fuego y que dicha actitud ha sido un poco suicida; algo así como si hubiesen estado jugando a la bolsa.
Ante esa tendencia generalizada a vender solamente los stoks que hay en las tiendas, me pregunto si es esa la técnica comercial más efectiva para unos tiempos de crisis acuciante.
Vender el stok que hay en la tienda y no reponer, solamente aporta un pequeño beneficio inmediato. Pero a la larga –y no tan a la larga- lo que se está haciendo es comer el patrimonio y no generar riqueza. Con otras palabras, sería un exiguo beneficio para hoy y un hambre segura para mañana. Si se vende una pieza existente y no se repone, lo que se está haciendo es cambiar esa pieza por un plato de lentejas o de arroz para matar el hambre del día o, a lo máximo, la del día siguiente.
No sé si muchos se habrán dado cuenta de que este es el camino mas rápido y más para llegar a un final trágico. El negocio del minorista consiste ciertamente en saber vender, pero también consiste en saber comprar. Por eso no basta con ir deshaciéndose de lo que a lo largo de los años se ha ido adquiriendo. Hay que saber reponer. Hay que abrir y crear nuevos alicientes que atraigan al futuro comprador. Hay que actualizar al máximo la mercancía. De lo contrario, estaremos esquilmando nuestro negocio, condenándolo de antemano a una muerte anunciada.
Se calcula que un 8 % de los establecimientos de joyería ya han cerrado. ¿Cual va a ser el número de tiendas cerradas cuando finalice el presente año? No quiero ser profeta de calamidades. No va con mi espíritu optimista. Pero, tratando de ser realista al máximo, no me queda menos que aventurar que esa cifra actual sufrirá desgraciadamente un aumento impensable.
Ignoro si esta purga servirá esto para limpiar o regularizar el sector. Es posible que en este pasado inmediato de prosperidad halagüeña, hayamos inflado demasiado el carro del sector. Es posible que hayamos construido un gigante, si no con pies de barro, sí al menos con unas bases no demasiado firmes y seguras. Por eso ahora comprobamos que muchos de sus tentáculos y muchos de sus apoyos se tambalean. Pero tengamos en cuenta que no es lo mismo morir de viejo con las botas puestas que morir por inanición o por falta de perspectivas de futuro.
¿Aprenderán la lección los que queden? No tiremos balones fuera. No culpemos a nada ni a nadie. Busquemos y analicemos cada caso en particular. Resulta que, queramos o no, el mercado ha cambiado y nosotros pretendemos seguir igual, dando la espalda a la realidad. Pasa con el oro, con la plata, con los relojes. Pasa con tantos productos que manejamos a diario. Y pasa porque es ley de vida.
Por eso no me cansaré de repetir que, hoy más que nunca, hay que apostar por las marcas y por los productos de actualidad, no del pasado .Y, además, hay que saber buscar esos colaboradores que resulten más adecuados, esos compañeros de viaje que nos ofrezcan lo que el público demanda. No basta con recurrir a proveedores que llenen sin mas nuestro escaparates de genero invendible Hay que abrir mucho los ojos. Hay que estar atentos no solo a la oferta sino sobre todo a la demanda. De lo contrario, estaremos perdiendo el tiempo, estaremos espantando y provocando la huida del posible consumidor y, sobre todo, estaremos minando nuestro futuro a pasos agigantados.
Cómo esta afectando esta crisis a nuestro gremio joyero-relojero, es algo que todavía nadie se ha atrevido a estudiar en profundidad. Pero a simple vista de lo que acontece, se puede afirmar que se están observando determinados comportamientos comerciales yo diría que suicidas. En ellos, además de predominar una acentuada actitud individualista, que nos lleva a cada uno a buscar la solución que creemos más apropiada, se están adoptando métodos comerciales muy inseguros. No se si es que no nos damos cuenta o que no queremos darnos cuenta. Pero la realidad que nos circunda y la memoria histórica que llevamos a cuestas nos están diciendo que muchas veces la solución adoptada nos puede conducir, no a solucionar el problema de raíz, sino a posponerlo e incluso a aumentarlo.
Igual que algunos están recurriendo a la utilización de las pesetas que tenían ahorradas, escondidas y almacenadas, hay detallistas que están viviendo a costa del patrimonio en mercancía adquirido a lo largo de su historia. Era una práctica habitual. Muchos de los que ya llevan años en el sector minorista, han ido adquiriendo género en oro y otros valores al precio del momento. Género que, si lo calculan al valor del día de hoy, en varios casos se convertiría realmente en verdaderos patrimonios nada despreciables.
No me cabe la menor duda de que ese patrimonio almacenado ha sido fruto de un buen hacer o de una buena vista comercial. En definitiva, ha sido fruto de su trabajo y de un trabajo bien hecho. Aunque algunos, en ese terreno opinen que en esos tiempos más boyantes se ha estado jugando con fuego y que dicha actitud ha sido un poco suicida; algo así como si hubiesen estado jugando a la bolsa.
Ante esa tendencia generalizada a vender solamente los stoks que hay en las tiendas, me pregunto si es esa la técnica comercial más efectiva para unos tiempos de crisis acuciante.
Vender el stok que hay en la tienda y no reponer, solamente aporta un pequeño beneficio inmediato. Pero a la larga –y no tan a la larga- lo que se está haciendo es comer el patrimonio y no generar riqueza. Con otras palabras, sería un exiguo beneficio para hoy y un hambre segura para mañana. Si se vende una pieza existente y no se repone, lo que se está haciendo es cambiar esa pieza por un plato de lentejas o de arroz para matar el hambre del día o, a lo máximo, la del día siguiente.
No sé si muchos se habrán dado cuenta de que este es el camino mas rápido y más para llegar a un final trágico. El negocio del minorista consiste ciertamente en saber vender, pero también consiste en saber comprar. Por eso no basta con ir deshaciéndose de lo que a lo largo de los años se ha ido adquiriendo. Hay que saber reponer. Hay que abrir y crear nuevos alicientes que atraigan al futuro comprador. Hay que actualizar al máximo la mercancía. De lo contrario, estaremos esquilmando nuestro negocio, condenándolo de antemano a una muerte anunciada.
Se calcula que un 8 % de los establecimientos de joyería ya han cerrado. ¿Cual va a ser el número de tiendas cerradas cuando finalice el presente año? No quiero ser profeta de calamidades. No va con mi espíritu optimista. Pero, tratando de ser realista al máximo, no me queda menos que aventurar que esa cifra actual sufrirá desgraciadamente un aumento impensable.
Ignoro si esta purga servirá esto para limpiar o regularizar el sector. Es posible que en este pasado inmediato de prosperidad halagüeña, hayamos inflado demasiado el carro del sector. Es posible que hayamos construido un gigante, si no con pies de barro, sí al menos con unas bases no demasiado firmes y seguras. Por eso ahora comprobamos que muchos de sus tentáculos y muchos de sus apoyos se tambalean. Pero tengamos en cuenta que no es lo mismo morir de viejo con las botas puestas que morir por inanición o por falta de perspectivas de futuro.
¿Aprenderán la lección los que queden? No tiremos balones fuera. No culpemos a nada ni a nadie. Busquemos y analicemos cada caso en particular. Resulta que, queramos o no, el mercado ha cambiado y nosotros pretendemos seguir igual, dando la espalda a la realidad. Pasa con el oro, con la plata, con los relojes. Pasa con tantos productos que manejamos a diario. Y pasa porque es ley de vida.
Por eso no me cansaré de repetir que, hoy más que nunca, hay que apostar por las marcas y por los productos de actualidad, no del pasado .Y, además, hay que saber buscar esos colaboradores que resulten más adecuados, esos compañeros de viaje que nos ofrezcan lo que el público demanda. No basta con recurrir a proveedores que llenen sin mas nuestro escaparates de genero invendible Hay que abrir mucho los ojos. Hay que estar atentos no solo a la oferta sino sobre todo a la demanda. De lo contrario, estaremos perdiendo el tiempo, estaremos espantando y provocando la huida del posible consumidor y, sobre todo, estaremos minando nuestro futuro a pasos agigantados.

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