miércoles, 11 de marzo de 2009

¿SE REPITE LA HISTORIA?

Es obligado comenzar este artículo haciendo una confesión. Yo no soy economista ni historiador de la economía. Soy un simple aficionado a leer cosas. Además, en la época en la que tuvieron lugar los acontecimientos que me dispongo a comentar, yo –al igual que la mayoría de mis probables lectores- pertenecía al mundo de los posibles. Mi llegada al planeta tierra estaba todavía muy, pero que muy lejana, a años luz.

Sin embargo creo que esas razones apuntadas no pueden ni deben ser óbice para subrayar y comentar aquí en voz alta algunos aspectos de algo que, aunque sucedió en otra época que se nos antoja lejana, nos puede servir de lección histórica para aprovechar sus elementos positivos y sobre todo para no caer en los mismos errores.

Me estoy refiriendo a algo que repercutió a nivel mundial, a la profunda crisis desatada en aquel ya tan lejano 1929. Los historiados han bautizado dicho evento con múltiples nombres. Se le ha llamado “Jueves Negro”, “Octubre Negro” o simplemente “Crac del 29”. Nombres que, en mayor o menor medida, aluden directamente a lo que sucedió los últimos días de octubre de hace casi 80 años. Y, aunque el epicentro tuvo lugar en Wall Stret, su impacto fue capaz de derribar todas las fronteras existentes y de destruir casi todas las barreras que se le colocaron con intención de frenar su honda expansiva.

Dicen que todo había comenzado ya el mes de septiembre anterior. Después de cinco años de enormes beneficios, la bolsa se había visto afectada por una enorme inestabilidad. Y aquel 24 de octubre, que era jueves, se pusieron a la venta un número inusitado de acciones. Se afirma que fueron más de cuatro millones.

Pues bien, resultó que los títulos no encontraron comprador y las cotizaciones se hundieron estrepitosamente. Y eso produjo que, al día siguiente, los dueños de los bancos más importantes intentaran sortear la debacle comprando miles de acciones por encima de su precio real. Pero la estratagema no funcionó. Según las estadísticas, el lunes 28 y el martes 29 las caídas fueron catastróficas. Se habla de que esos días las acciones a la venta superaban los trece millones.

Pero, como era lógico pensar y a pesar de los remedios que intentaron paliar la gravísima situación, un mes después la sangría continuaba. De hecho y en la práctica se prolongó durante bastantes años. Tanto fue así que los estudiosos del tema aseguran taxativamente que el banco tal vez más poderoso no recuperó los niveles previos a aquel mes de octubre de 1929 hasta el año 1954. Habían transcurrido, nada más y nada menos que 25 años.

En el momento del crac, el presidente de Estados Unidos, -al igual que están afirmando reiteradamente otros ahora-, a pesar de que todas las evidencias refrendaban lo contrario, creía que la crisis no sería ni muy grave ni demasiado larga. Y, claro, se equivocó rotundamente. Hasta tal punto fue así y el pueblo fue consciente de ello que, en las nuevas elecciones de 1932, perdió la presidencia frente al demócrata Franklin Delano Roosevelt.

Las medidas adoptadas entonces por Roosevelt fueron múltiples y variadas, fruto de un denso y profundo análisis de la realidad. Y considero que ni este es el momento de sopesarlas ni yo me creo capacitado para hacerlo. “Doctores tiene la Santa Madre Iglesia…” Sin embargo, sí me atrevo a señalar las líneas maestras por las que se encaminaron. En primer lugar, se estableció un mayor control sobre los bancos y, se estimuló la concesión de créditos. Acto seguido, se devaluó el dólar para apoyar la exportación. Al mismo tiempo se fomentaron las industrias y las obras públicas, creando casi de golpe más de tres millones de puestos de trabajo. Y en el sector agrícola, el Estado dio subvenciones para que ganaderos y agricultores paliaran la hambruna.

No me negará el lector que, a simple vista de lo que antecede, uno no pueda menos que pensar en ciertos paralelismos no siempre positivos para lo que estamos sufriendo y para lo que parece que se nos avecina. Y uno se pregunta también si estaremos – comenzando por nuestros dirigentes- adoptando las medidas oportunas para hacer frente con garantías a la problemática que nos acucia. No es que lo que fue bueno y eficaz en una situación concreta de la historia, resulte bueno y eficaz en la nuestra. Pero la historia algo nos enseña. ¿No dicen que es maestra de la vida? Pues, por algo será, creo yo.

Lógicamente, con este comentario no pretendo alarmar a nadie. Los que me conocen saben bien que soy optimista por naturaleza y por convencimiento. Aquí, siendo plenamente consciente de la gravedad de la situación, simplemente pretendo abrir un cauce de serena reflexión, tratando de ser lo mas realista posible y contribuir de esa manera a enfrentarnos a esta cruda y dura realidad que tanto nos quita el sueño. Mi deseo va, única y exclusivamente por esos derroteros.

No hay comentarios: