lunes, 16 de marzo de 2009

¿VUELVEN LAS PESETAS?

No, por favor, que nadie se asuste. No es que España se haya retirado del mapa euro y haya vuelto a utilizar oficialmente la peseta renunciando a la moneda europea. No se trata de eso. La cosa es mucho más sencilla; pero también mucho más compleja. Depende del punto de vista con que se analice el asunto.

Como todos recordamos, en enero de 2002 se introdujo en España el euro como unidad monetaria. En aquella fecha, que ya se nos antoja lejana, había en circulación 8,1 billones de pesetas (48.750 millones de euros). El 95% de ese valor correspondía a billetes y el 5% restante a monedas, aproximadamente.

Desde que se implantó el euro como moneda única, el ritmo en el cambio de pesetas por euros, a pesar de todas las presiones gubernamentales, ha sido muy desigual. Y ha estado supeditado, ante todo, a las circunstancias económicas de índole personal o empresarial.

Sin embargo, los analistas de este fenómeno afirman que desde finales del verano pasado cada vez son mas los que se han decidido a echar mano de esas pesetas que con tanto celo tenían guardadas en casa, en la oficina o en la caja de seguridad de un establecimiento bancario.

Según los datos aportados por el Banco de España, a finales de enero del presente año todavía quedaban 293.005 millones de pesetas (equivalentes a 1.761 millones de euros) sin canjear por la nueva divisa paneuropea. El pasado 31 de enero seguían sin cambiar 156.902 millones de pesetas (943 millones de euros) en billetes. Y 136.103 millones de pesetas (818 millones de euros) en moneda fraccionaria.

¿Qué por qué se está actuando así? Cada uno sabe sus razones. Pero no me cabe la menor duda de que la crisis que estamos padeciendo no es ajena a esa actuación y ha generado este proceder concreto y específico. En opinión de los analistas, el reciente aumento del ritmo en el cambio de pesetas a euros se debería fundamentalmente a tres factores. El primero de ellos sería la necesidad de hacer frente y paliar las primeras consecuencias derivadas de la crisis y la recesión económica que estamos sufriendo. El subterfugio de echar mano inmediatamente de lo que tenemos guardado o atesorado, es algo innato a nuestra manera de ser y actuar. Y a nadie debe extrañar este proceder.

Un segundo factor vendría derivado de las restricciones de créditos por parte de la banca; situación que habrá llevado a algunos –ignoro si muchos o pocos- a recurrir a esas pesetas que estaban ahí almacenadas a la espera de ser utilizadas cuando las circunstancias así lo demandasen.

Y un tercer factor parece derivarse de una dirección contraria. Ante la halagüeña perspectiva de aprovechar las crecientes posibilidades de adquirir a buen precio bienes inmuebles, industriales o valores, siempre que se puedan abonar al contado, otros (tal vez aprovechándose de la necesidad ajena) han recurrido igualmente a ese depósito de pesetas que con tanto cariño tenían almacenado y que ahora les puede aportar óptimos beneficios.

No sé lo que acontece a este respecto en nuestro gremio, en nuestro sector joyero-relojero. Pero me imagino que habrá de todo, como en la viña del Señor. Tampoco sé por donde se orientarán las preferencias de cada uno. La libertad es un don que se nos ha dado para que la ejerzamos. Pero me pregunto y pregunto a mis lectores si nuestra actuación se está orientando por los derroteros apropiados. A veces uno siente la sensación de que solo somos francotiradores, de que estamos dando palos de ciego y de que nos falta una perspectiva más amplia para enjuiciar nuestra situación y poner los remedios apropiados. Las pesetas que han vuelto a aflorar, puede que no sean más que un parche inconsistente.

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