lunes, 6 de julio de 2009

UN CLAMOR POPULAR

Últimamente se esta detectando en nuestro sector un cierto clamor popular que parece ir en “crescendo”. Se trata de un asunto que afecta directamente no solo a la buena marcha del mismo, sino incluso a su propia subsistencia. Me refiero a que nuestros fabricantes, mayoristas, distribuidores, marcas de relojes, etc., han perdido o están perdiendo la confianza en el actual sistema de distribución.

Hace algún tiempo cada fábrica de joyería que despedía gente o cerraba, originaba un movimiento que podríamos llamar expansivo porque daba lugar a la aparición de un sin fin de tiendas nuevas abiertas por el propio fabricante o por sus empleados para vender directamente el producto que tenían almacenado. Tanto era así que, de hecho, muchos pensaron que su salvación pasaba por salir directamente al consumidor con sus tiendas propias. ¿Y qué les ha sucedido? Pues que ha habido de todo como en la botica del abuelo. Porque, también para montar tiendas, hay que estar preparados. Además, una tienda no se sostiene solo con el producto de un único fabricante. Una tienda es algo más y requiere algo más. Hay que prepararse antes de emprender un nuevo rumbo.

Lo he dicho infinidad de veces. Y no me cansaré nunca de repetirlo. Aquí no se trata de “sálvese quien pueda” ni de “tonto el último”. Aquí no se trata de hacer la guerra en solitario ni valen las aventuras quijotescas. Aquí se trata de una lucha conjunta, de un esfuerzo encadenado, de una proyección corporativa. Porque es en la unión donde reside nuestra fuerza. Porque todos navegamos en el mismo barco. Porque, aunque nadie es imprescindible, todos somos necesarios.

Hace algún otro tiempo fueron las marcas de relojería "importantes" las que emprendieron ese mismo camino y, olvidándose de quien les abrió las puertas del país, se lanzaron ellos a abrir sus propios establecimientos. En este caso y debido al conocimiento de la marca, al margen con que trabajan y a la situación del mercado que era otra, fueron sobreviviendo. Pero hoy la cruda y dura realidad les está empezando a pasar factura.

Y resulta que ahora le entró la fiebre a las marcas tradicionales, convencionales, a las que llenaron de producto los más de 18.000 establecimientos a lo largo del territorio nacional. Se les llenó la boca de decir que ellos ayudan al establecimiento a sobrevivir, que sin ellos la mayoría de esos establecimientos tendrían que cerrar...Y es posible que en muchos casos pueda ser así. Sin embargo, no siempre se puede generalizar. Hay casos y casos.

Preguntémonos qué está pasando hoy. ¿Es que todas esas marcas han cambiado el chip? ¿También se quieren cargar el canal convencional y crear el paralelo? ¿Es esta la solución para el hoy y el mañana? A veces uno siente la sensación de que estamos jugando alegremente con fuego, inconscientes de que, al más mínimo descuido, podemos quemarnos.
Insisto una vez más. Urge un debate interno profundo si queremos organizar el sector. Este barco está a la deriva. Si no marcamos el rumbo, si no fijamos los derroteros, el naufragio está asegurado.

Cuando yo decía en ocasiones pasadas que el detallista ha de buscar el compañero de viaje adecuado, a esto y a otras muchas cosas me estaba refiriendo. Aquí no valen medias tintas. O tiramos todos en la misma dirección o la cuerda se rompe.

Obviamente, algunos distribuidores de marcas “comerciales” (al margen de las grandes marcas relojeras que hace tiempo que lo están haciendo), están intentando abrir sus propias tiendas, aunque por lo visto hasta ahora, no están obteniendo buenos resultados ya que algunas de estas tiendas ya han cerrado…

No hay comentarios: