viernes, 24 de julio de 2009

TENER FE

Desde mi atalaya y debido precisamente a mis múltiples y tan variados contactos con todos los estamentos de nuestro sector, creo estar percibiendo una actitud preocupante. Me refiero a un creciente desánimo que parece latir en nuestro ambiente y que amenaza con debilitar nuestras ya maltrechas fuerzas. Estamos muy hartos de la crisis, sin lugar a dudas. Estamos casi con el agua al cuello. Y las cargas que penden sobre nosotros y que amenazan con llevarnos por delante, nos están resultando muy pesadas y onerosas. Tanto es así que nos sentimos agotados y casi sin aliento. La realidad a nuestro alrededor es muy cruda. Y a más de uno le ha asaltado la tentación de tirar la toalla.

Sin embargo y a pesar de ese negro panorama, a pesar de que las aguas del joyero están muy revueltas, yo sigo confiando en que nuestra nave no naufragará. Estoy plenamente convencido de que, después de capear el temporal, saldremos a flote. Después de la tempestad siempre viene la calma. Y éste no es un consuelo de bobos. Es la pura realidad, avalada por la experiencia que nos transmite la historia.

Es esa historia la que nos certifica que las crisis ofrecen oportunidades de crecimiento personal y empresarial. Pero ese crecimiento no se consigue permaneciendo pasivos o aletargados. Hay esforzarse y correr determinados riesgos. Esta crisis va a ser dolorosa pero yo confío en que aprendamos a hacer las cosas mejor. Llegó el momento de parar, de detenernos, de reflexionar, de sopesar pros y contras para, después, poder seguir avanzando.

Hay quien dice que después de un descanso, de un largo parón, de un frenazo en seco, las cosas se ven de otra manera. Es como si uno se volviese de repente más realista, más objetivo, más sereno y tranquilo, dispuesto a reanudar la marcha con más cordura y sensatez. Tenemos que abrir puertas para que entre aire fresco. Tenemos que descansar sin duda, pero buscando puntos de apoyo para coger fuerzas. Tenemos que mirar para atrás para ver lo vivido, pero también para delante, conscientes de lo que se nos espera.

Acabo de leer en la prensa que “los empresarios comienzan a ver un poco de luz al final del túnel desde 2007”. La información añade que “la confianza de los empresarios comenzó a remontar por primera vez desde 2007 en el segundo trimestre del presente año”, para afirmar, a continuación, que “los analistas coinciden en que en la recesión económica ya pasó lo peor, aunque advierten que quedan muchos altibajos hasta volver a la normalidad, que se alcanzará en un año”.

De ser verdad esta apreciación de los empresarios, estaríamos, sin duda, ante una noticia ilusionante y tremendamente esperanzadora. Pero mucho me temo que esta información, al igual que sucedió con los famosos “brotes” de la ministra, no sea más que una cortina de humo para que podamos disfrutar mas tranquilamente de las vacaciones veraniegas y enfrentarnos con menos temores al duro otoño que se nos avecina. Pues vamos a ver: ¿de qué empresarios se trata? ¿A quienes representan si es que son representativos de alguien?. Nombrar, sin más, a un colectivo tan genérico y escudarse en sus apreciaciones también tan genéricas, no deja de ser más que una palabrería vana, carente del más mínimo valor real y científico.

Pero, aunque eso fuese cierto y la crítica situación que estamos padeciendo, hubiese comenzado a experimentar una mejoría, no por eso podemos ni debemos lanzar las campanas al vuelo. Necesitamos ser realistas al máximo y ser conscientes de que nada volverá a ser igual tras la crisis. Por eso tenemos que preguntarnos cómo cargar las pilas para coger fuerzas. La vida es una carrera de obstáculos y requiere lucha diaria. Y, aunque el viento huracanado tienda a amainar, no podemos cejar en nuestro esfuerzo y dejar de luchar. Tenemos que seguir en la brecha, tratando de hacer frente con todos los medios a nuestro alcance a todas esas dificultades que intentarán echar a pique nuestra nave.

Por eso me atrevo a sugerir dos caminos para recorrer, tanto individual como colectivamente. En primer lugar, es imprescindible convertirnos en investigadores de mercado. Y, en segundo lugar, es urgente buscar nuevas líneas de negocio. Ambos caminos, ambas actitudes pueden arrojar un poco de luz sobre el porvenir y pueden reorientar nuestras fuerzas por derroteros más acordes con la realidad en la que nos movemos.

Existe, además, otra dificultad intrínseca e innata a la que debemos enfrentarnos a la hora de afrontar ese mañana. En nuestro gremio abundan las empresas familiares. Y el gran problema aquí, como en toda empresa familiar, es el relevo generacional. Se dice que las empresas familiares funcionan porque el que las monto creía en ello. Esa y no otra es la base de toda empresa familiar. Ahora bien, el espíritu emprendedor no se hereda. Es necesario creer, tener fe en la idea, en el proyecto. Por eso, me pregunto y os pregunto: ¿Creemos, seguimos creyendo en lo nuestro?

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias, pedro, por tu artículo. Una vez mas has dado en el clavo.
El tema que tocas al final, el de las empresas familiares, lo considero importantísimo. Somos muchos los que estamos sufriendo esa lacra generacional. por eso me gustaría que apareciesen testimonios y opiniones sobre este problema.
Un abrazo