jueves, 23 de julio de 2009

SABER ELEGIR

Dicen –y parece ser cierto- que en nuestra querida España hay tres temas de conversación sobre los que todos nos atrevemos a pontificar alegremente. Me refiero a la política, a la religión y al futbol. Por eso, si entramos en cualquier cafetería o bar de nuestra ciudad o de nuestro pueblo y nos dedicamos a escuchar las conversaciones de la gente, nos daremos cuenta inmediatamente de que allí hay muchos presidentes de gobierno, muchos seleccionadores o entrenadores y muchos papas u obispos, dispuestos siempre a enmendarles la plana a los auténticos y verdaderos.

¿Por qué sucede todo esto? Parece que la explicación psicológica está en que hablar en esos lugares no suele comprometer a nada y que por eso nos podemos permitir el lujo de opinar y ofrecer nuestro punto de vista con una asombrosa seguridad. Incluso, para hacer más fuerte nuestro punto de vista, solemos levantar la voz hasta tonos inusitados.

Pues bien, dicen los analistas de la actualidad que, además de esos temas, hoy se está afianzando, como tema de conversación, otro nuevo, que incluso puede llegar a desbancar a los anteriores. Me refiero a que hoy uno de los temas de conversación habituales sobre los que todos nos atrevemos a opinar y sobre los que hablamos como si fuésemos expertos especialistas en la materia, es el tema de las modas y el diseño.

Es cierto que “de gustos no hay nada escrito”. Pero de ahí a creernos capacitados para suplantar a los verdaderos especialistas, media un abismo. Por eso hoy quisiera llamar la atención sobre esta faceta de nuestra realidad gremial. Porque, evidentemente, “no es oro todo lo que reluce” y no podemos sin más llamar moda o diseño a mucha de la mercancía que circula por ahí. Entre auténticas y preciosas creaciones, circulan también muchos “adefesios” y muchas piezas de pacotilla que lo único que están haciendo es desprestigiar al sector. En lugar de potenciarlo y acreditarlo, están creando un asfixiante clima de desprestigio que nos va a resultar muy perjudicial.

Es por eso por lo que los estudiosos de la moda y los propios diseñadores deben hacer un ímprobo esfuerzo para no caer en esa chabacanería y ese adecenamiento que son incapaces de despertar interés y deseos en los posibles clientes. Y es por eso, igualmente, por lo que los encargados de las tiendas tienen que abrir mucho los ojos y saber seleccionar muy bien la mercancía que van a poner a disposición de esos compradores potenciales.

Queramos o no, el entramado comercial está formado por un engranaje en el que todos los eslabones son necesarios y, por consiguiente, a todos se les debe exigir una responsabilidad máxima. De lo contrario, estaremos construyendo torres en el aire o castillos sobre arenas movedizas. Si de verdad queremos, que nuestro gremio vuelva a tener la fuerza, la pujanza, la categoría y la elegancia de las que en tiempos no muy lejanos hacían gala, debemos prestar la máxima atención a todos los elementos que forman y conforman la esencia de nuestro ser comercial.

La vida y la historia están llenas de retos. Y, delante de nosotros, aunque a primera vista parezca que estamos ante un abismo insondable e infranqueable, no debemos amilanarnos. Los retos, los desafíos son para los valientes, para los aguerridos, para los luchadores, para los que no reculan ante las dificultades, para los que están dispuestos a sacar fuerza de su propia flaqueza o de las dificultades que están en el ambiente.

A veces, bastantes veces, la solución a los problemas que nos aquejan, no está en las altas instancias. A veces, bastantes, veces, la solución la tenemos en nuestras propias manos o está dentro de nosotros mismos. Hoy he querido fijarme en ese pequeño gran detalle del diseño y la moda. Y lo hago no para criticar simplemente determinados diseños en los que la belleza y la calidad artística brillan por su ausencia, sino para llamar la atención sobre un problema que nos está afectando. Después, que cada uno obre en consecuencia.

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