En nuestro sector, al igual que en el resto de los que formamos el tejido empresarial español, ha habido durante algunos años una fiesta casi permanente. Todo eran alegrías, euforias, triunfalismos, entusiasmo, exultación y exaltación. Aquí valía todo, aquí servía todo, aquí todo iba viento en popa. Por eso se crearon establecimientos de joyería como si de bares se tratará. En ningún país de Europa – incluso me atrevo a decir que del mundo- ha pasado algo semejante. Tocamos a joyería por cada 2500 habitante. En casi 46 millones de habitantes, a lo largo de todo el territorio nacional hay unos 18.000 establecimientos vendiendo algún reloj, joya o semejantes. Si a ello le unimos todos los canales de televisión, la venta por catálogo, los bancos y ahora los portales de Internet, ¿a cuanto nos toca de facturación? Unas 350 marcas de relojes aparecen en las guías relojeras de España y en algún punto de distribución tiene que estar presente cada una de ellas.
¿Qué consecuencias se sacan de todo esto? La primera que salta a la vista es que una gran mayoría de nuestros establecimientos tienen unas facturaciones ridículas que no me atrevo ni a citar. Unas facturaciones totalmente incapaces de soportar los costes de local, impuestos, gastos generales y empleados; además, claro está, tienen que atender y hacer frente a las facturas de los proveedores.
En estas situaciones ya no es suficiente con decir eso de que el establecimiento es nuestro y lo atendemos la familia… ¿No sería más realista sentarse unos minutos a pensar, a analizar y tratar de buscar la rentabilidad de nuestras unidades familiares en edad laboral y otro tipo de rentabilidad para ese establecimiento que estamos mal empleando? Puede que más de uno tenga que cambiar de planes. Puede que más de uno se vea obligado a tener que tomar una decisión drástica.
Ni siquiera ahora, con el alto precio que ha adquirido el oro, nos atrevemos a fundir aquello que sabemos que nunca se va a vender. Seguimos esperando esos tiempos mejores que tal vez nunca volverán No olvidemos que hay que seguir mirando para adelante. El pasado nunca vuelve: es simplemente eso, pasado, algo que fue y ya no es. El presente está aquí, es el hoy; pero mañana ya será algo pasado. Es ley de vida, es el proceso inexorable del tiempo. Por eso, lo que realmente nos importa es el futuro, el mañana. Y ese mañana, ese futuro lo tenemos que labrar entre todos. Nadie debe quedar excluido. Todos somos necesarios. Todos somos piezas importantes. Hay alternativas y funciones para todo y para todos; no lo dudemos.
Esta y no otra es la razón por la que no podemos permanecer indiferentes aguardando a que escampe el temporal o esperando pasivamente a que vengan otros a sacarnos las castañas del fuego. Tampoco podemos permanecer impasibles e insensibles como si el problema no nos afectase. Eso sería de ilusos y nos llevaría a un suicidio anunciado.
Amigo joyero, los tiempos han cambiado. La fiesta ha terminado. Y, cuando una fiesta termina, deberíamos saber que lo que toca es recoger manteles, hacer limpieza y preparar el local para ese siguiente día que ya está ahí llegando, que ya está llamando a la puerta. Sería triste, muy triste, que la resaca nos cogiese desprevenidos e indefensos, impidiéndonos reaccionar adecuadamente. Sería triste, muy triste, que el recuerdo y la añoranza de las abundancias vividas en un pasado todavía muy cercano, nos llevasen a la desidia, a la desgana y a la indolencia, condenándonos sin más a un inmovilismo frustrante y descorazonador.
¿No se suele decir que “a mal tiempo, buena cara? Pues eso. Pongamos buena cara. Y, sobre todo, pongamos buenas obras, buenos proyectos y buenas acciones, para hacer frente a esta cruda y dura realidad que nos está tocando soportar.
¿Qué consecuencias se sacan de todo esto? La primera que salta a la vista es que una gran mayoría de nuestros establecimientos tienen unas facturaciones ridículas que no me atrevo ni a citar. Unas facturaciones totalmente incapaces de soportar los costes de local, impuestos, gastos generales y empleados; además, claro está, tienen que atender y hacer frente a las facturas de los proveedores.
En estas situaciones ya no es suficiente con decir eso de que el establecimiento es nuestro y lo atendemos la familia… ¿No sería más realista sentarse unos minutos a pensar, a analizar y tratar de buscar la rentabilidad de nuestras unidades familiares en edad laboral y otro tipo de rentabilidad para ese establecimiento que estamos mal empleando? Puede que más de uno tenga que cambiar de planes. Puede que más de uno se vea obligado a tener que tomar una decisión drástica.
Ni siquiera ahora, con el alto precio que ha adquirido el oro, nos atrevemos a fundir aquello que sabemos que nunca se va a vender. Seguimos esperando esos tiempos mejores que tal vez nunca volverán No olvidemos que hay que seguir mirando para adelante. El pasado nunca vuelve: es simplemente eso, pasado, algo que fue y ya no es. El presente está aquí, es el hoy; pero mañana ya será algo pasado. Es ley de vida, es el proceso inexorable del tiempo. Por eso, lo que realmente nos importa es el futuro, el mañana. Y ese mañana, ese futuro lo tenemos que labrar entre todos. Nadie debe quedar excluido. Todos somos necesarios. Todos somos piezas importantes. Hay alternativas y funciones para todo y para todos; no lo dudemos.
Esta y no otra es la razón por la que no podemos permanecer indiferentes aguardando a que escampe el temporal o esperando pasivamente a que vengan otros a sacarnos las castañas del fuego. Tampoco podemos permanecer impasibles e insensibles como si el problema no nos afectase. Eso sería de ilusos y nos llevaría a un suicidio anunciado.
Amigo joyero, los tiempos han cambiado. La fiesta ha terminado. Y, cuando una fiesta termina, deberíamos saber que lo que toca es recoger manteles, hacer limpieza y preparar el local para ese siguiente día que ya está ahí llegando, que ya está llamando a la puerta. Sería triste, muy triste, que la resaca nos cogiese desprevenidos e indefensos, impidiéndonos reaccionar adecuadamente. Sería triste, muy triste, que el recuerdo y la añoranza de las abundancias vividas en un pasado todavía muy cercano, nos llevasen a la desidia, a la desgana y a la indolencia, condenándonos sin más a un inmovilismo frustrante y descorazonador.
¿No se suele decir que “a mal tiempo, buena cara? Pues eso. Pongamos buena cara. Y, sobre todo, pongamos buenas obras, buenos proyectos y buenas acciones, para hacer frente a esta cruda y dura realidad que nos está tocando soportar.

1 comentario:
Cuanta razón, tienes Pedrinho. Pero somos españoles y sabemos organizar fiestas todos los días.
Así que vamos todos a hacer caso a Pedro y a organizar una nueva gran fiesta. Buscar algo que celebrar, y pregonarlo a todos para que cuantos más se unan mejor se hará.
Hemos dicho, fiesta, verdad? feria y fiesta... fiesta y feria. Cuanto se parecen estas 2 palabras. El día de feria suele ser fiesta en los pueblos, verdad.
De donde proceden las ferias? comerciantes ambulantes organizados por el ayuntamiento para vender un sólo día, el único día que está permitda la venta ambulante.
Entonces, un saca cuartos del ayuntamiento o un medio de organización de las ventas vía la pùblicidad creada por la unión de comerciantes y el ayuntamiento?
Cada uno tendrá su respuesta, pero a mi lo que me preocupa es hoy, podemos hacer que las ferias sean una fiesta de ventas o se quedarán en un sacacuartos?.
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