Decía el otro día Miguel Ángel Fraile, secretario de la patronal del comercio, que la reestructuración ya había terminado. Y la verdad es que, cuando oí esa frase tan contundente, no supe si esbozar una sonrisa o cabrearme. Desde luego, en este variopinto mundo en que nos ha tocado vivir, uno tiene que oír cada cosa… Que se lo pregunten al colectivo de detallistas de joyería. Seguro que la respuesta será muy distinta. No en vano opinan que esto aún no ha hecho más que empezar.
Basta con pasar hoy por una calle comercial y volver a pasar dentro de una semana. Comprobaremos que el número de establecimientos cerrados no solo no permanece inalterable sino que ha aumentado considerablemente. ¿Se puede afirmar, pues, que la reestructuración ha terminado? De ninguna manera. Al contrario, uno siente la triste y terrible sensación de que la depuración no ha hecho más que empezar.
Dicen los profesionales del comercio que el abrir y cerrar establecimientos no es más que un baile de cifras, que cierran unos y abren otros. Pero la realidad no es tan sencilla. El problema es muchísimo más complejo y también muchísimo más complicado. La causa para adoptar esas medidas no es única ni exclusiva. Siempre obedece a múltiples y variadas connotaciones. No se trata de ningún juego de niños sino de proyectar nuestro futuro existencial y comercial hacia un mañana mejor.
Demos un vistazo a nuestro sector. ¿Cuál es la proporción entre las tiendas que se cierran y las que se abren? Con toda seguridad detectaremos que son más las primeras que las segundas. ¿Y cuales son los motivos por los que son mayoría las que cierran y solo es una pequeña minoría la que se lanza a la aventura de abrir sus puertas? Lógicamente, no se puede dar una respuesta única y exclusiva. Cada caso es cada caso. Y, aunque existan unos condicionantes más o menos comunes, siempre existen también variables específicas.
Dicen los del ICO que la confianza del consumidor lleva tres meses mejorando. La verdad es que yo no percibo esa mejora por ninguna parte. Y eso que suelo ser optimista por naturaleza y por convicción. Por eso me gustaría que esa encuesta se la hicieran a los joyeros mes a mes o que hablaran con un joyero conocido que, después de 101 años de existencia, su relevo generacional no se atrevió a continuar con esta digna profesión.
En estos momentos críticos que estamos viviendo, todo el mundo pide un “plan rescate” para reconvertir el sector. Y yo me pregunto: ¿quién se acuerda del nuestro? Sí, ¿quién se acuerda del sector joyero-relojero y afines? ¿Es que sigue vigente esa ilusa creencia, esa leyenda pasada de que somos un sector próspero que no necesita ayuda ni apoyo? ¿Es que como gremio no pintamos nada en el panorama español? ¿Es que nuestra desidia nos lleva a no mover un dedo y a permanecer impasibles esperando a que las aguas vuelvan a su cauce natural?
Creo que ya va siendo hora de que seamos conscientes de nuestra doliente y dolorida realidad. Creo que ya va siendo hora de que seamos conscientes de nuestras carencias y tratemos de poner remedio a nuestros males. Si no somos capaces de detectar nuestras dolencias, mucho menos seremos capaces de aplicarles el tratamiento adecuado. Y ese tratamiento pasa por tener que actuar a veces con unas exigencias sangrantes en las que no podemos excluir algunas amputaciones.
Si queremos que nuestro gremio sea un organismo vivo y vitalista, no podemos permanecer por mas tiempo impasibles o actuando simplemente a la defensiva. Tenemos que lanzarnos de una vez y con todas las consecuencias a esa ofensiva que nos catapulte hacia delante. Y tenemos que hacerlo con el convencimiento, la seguridad y la confianza de que no todo está perdido. Por eso, aunque no comulguemos con las ruedas de molino que nos lanzan a diario nuestros políticos, no podemos dejar de exigir y demandar lo que en justicia nos corresponde. Aunque el “jaque mate” penda amenazadoramente sobre nuestras cabezas, el partido no está perdido. Todavía es posible la victoria.
Basta con pasar hoy por una calle comercial y volver a pasar dentro de una semana. Comprobaremos que el número de establecimientos cerrados no solo no permanece inalterable sino que ha aumentado considerablemente. ¿Se puede afirmar, pues, que la reestructuración ha terminado? De ninguna manera. Al contrario, uno siente la triste y terrible sensación de que la depuración no ha hecho más que empezar.
Dicen los profesionales del comercio que el abrir y cerrar establecimientos no es más que un baile de cifras, que cierran unos y abren otros. Pero la realidad no es tan sencilla. El problema es muchísimo más complejo y también muchísimo más complicado. La causa para adoptar esas medidas no es única ni exclusiva. Siempre obedece a múltiples y variadas connotaciones. No se trata de ningún juego de niños sino de proyectar nuestro futuro existencial y comercial hacia un mañana mejor.
Demos un vistazo a nuestro sector. ¿Cuál es la proporción entre las tiendas que se cierran y las que se abren? Con toda seguridad detectaremos que son más las primeras que las segundas. ¿Y cuales son los motivos por los que son mayoría las que cierran y solo es una pequeña minoría la que se lanza a la aventura de abrir sus puertas? Lógicamente, no se puede dar una respuesta única y exclusiva. Cada caso es cada caso. Y, aunque existan unos condicionantes más o menos comunes, siempre existen también variables específicas.
Dicen los del ICO que la confianza del consumidor lleva tres meses mejorando. La verdad es que yo no percibo esa mejora por ninguna parte. Y eso que suelo ser optimista por naturaleza y por convicción. Por eso me gustaría que esa encuesta se la hicieran a los joyeros mes a mes o que hablaran con un joyero conocido que, después de 101 años de existencia, su relevo generacional no se atrevió a continuar con esta digna profesión.
En estos momentos críticos que estamos viviendo, todo el mundo pide un “plan rescate” para reconvertir el sector. Y yo me pregunto: ¿quién se acuerda del nuestro? Sí, ¿quién se acuerda del sector joyero-relojero y afines? ¿Es que sigue vigente esa ilusa creencia, esa leyenda pasada de que somos un sector próspero que no necesita ayuda ni apoyo? ¿Es que como gremio no pintamos nada en el panorama español? ¿Es que nuestra desidia nos lleva a no mover un dedo y a permanecer impasibles esperando a que las aguas vuelvan a su cauce natural?
Creo que ya va siendo hora de que seamos conscientes de nuestra doliente y dolorida realidad. Creo que ya va siendo hora de que seamos conscientes de nuestras carencias y tratemos de poner remedio a nuestros males. Si no somos capaces de detectar nuestras dolencias, mucho menos seremos capaces de aplicarles el tratamiento adecuado. Y ese tratamiento pasa por tener que actuar a veces con unas exigencias sangrantes en las que no podemos excluir algunas amputaciones.
Si queremos que nuestro gremio sea un organismo vivo y vitalista, no podemos permanecer por mas tiempo impasibles o actuando simplemente a la defensiva. Tenemos que lanzarnos de una vez y con todas las consecuencias a esa ofensiva que nos catapulte hacia delante. Y tenemos que hacerlo con el convencimiento, la seguridad y la confianza de que no todo está perdido. Por eso, aunque no comulguemos con las ruedas de molino que nos lanzan a diario nuestros políticos, no podemos dejar de exigir y demandar lo que en justicia nos corresponde. Aunque el “jaque mate” penda amenazadoramente sobre nuestras cabezas, el partido no está perdido. Todavía es posible la victoria.

1 comentario:
Estoy deacuerdo al 100%, la pena es que tengamos un sector en gran medida ignorante y sin cultura, que parece que sólo sabe de joyería y relojería, pero de nada más y así hoy no se puede dirigir un establecimiento.
La profesión del joyero detallista no puede en ningún caso limitarse a estar en la tienda esperando clientes que accedan a su bunker. La tienda no sólo debe mostrar las últimas tendencias, sino que el vendedor no debe despachar cada pieza como nos ha pasado hasta hace un año: -quiero el lotus de Lorenzo, el Time Force de Nadal o el Viceroy de Alonso. La tienda con su decoración, con sus vendedores, con sus explicaciones han de saber enamorar, ilusionar, convencer, garantizar, dar un mejor servicio. El vino si es bueno y tiene una buena etiqueta, se vende más. La joyería si tiene buen género y el personal es bueno también, la decoración es acorde con el público que se pretende... vende más. Incluso en momentos de crisis que es cuando nadie vende.
Debemos saber adaptarnos a los cambios, y el que no lo haga fallecerá. El ignorante y el inculto no tiene cabida en esta nueva era. Por ello, aunque nos digan de otros sectores que se ve el final del tunel. En este sector, todavía queda un largo camino que recorrer.
El tunel se irá estrechando para muchos, hasta que no vean más posibilidades que la de cerrar. Pero no os desaniméis, leer, escuchar, pero sobretodo, aplicar aquello en lo que creamos o que escuchando nos haga sentirnos convencidos. Pero si no tenemos nada que ofrecer, mejor dejemos el camino libre para los innovadores y optimistas, para los emprendedores amantes del riesgo pero con ideas, para los que se animan con sus propias conclusiones, para los que mantienen la ilusión, porque ellos, y sólo ellos moverán este país.
En el mundo hay 3 tipos de personas: - los que hacen que ocurran las cosas; los que ven, leen o escuchan a los que hacen que ocurran las cosas; y los del ¿QUE PASÓ?.
Cerrar, amigos mios, cerrar si no tenéis nada que aportar. Pero si no es así luchar con todas vuestras fuerzas, con convencimiento, con sabiduría, trabajando más que nunca...
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